Humanitarian
28 de septiembre de 2026
The Guardian Europe
Prisiones infantiles en Francia: donde 'descansar' significa 23 horas en una celda y privacidad significa dormir completamente vestido
Dentro de los centros de detención juvenil de Francia, los niños duermen completamente vestidos por privacidad, cuentan los días en cuadernos y enfrentan hasta 23 horas al día en celdas, porque nada dice 'bienestar infantil' como un patio de concreto con heces en las paredes.
Una nueva mirada fotográfica al interior de los centros de detención juvenil de Francia revela un sistema donde niños de tan solo 13 años están encerrados en celdas hasta 23 horas al día, duermen completamente vestidos para proteger su privacidad y cuentan los días en cuadernos que nunca parecen llenarse lo suficientemente rápido. El fotógrafo encontró las celdas "impersonales e íntimas al mismo tiempo": una ventana, barrotes, una cama rudimentaria, una tabla que sirve de escritorio y, ocasionalmente, un libro o algunos dibujos. Una vez dentro, "rápidamente te encuentras dando vueltas en círculos, sin ningún lugar a donde ir".
Debido a la escasez de personal, los jóvenes pueden pasar hasta 23 horas al día en sus celdas, una práctica criticada por el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura, junto con los bajos niveles de acceso a actividades educativas y deportivas. Como dijo un joven detenido: "Estamos encerrados en nuestras celdas todos los días. Aunque puede convertirse en nuestro rincón tranquilo, es difícil. Debido a la disposición de los edificios, el rincón tranquilo nunca es realmente tranquilo. Todas las celdas están conectadas entre sí, y este es un lugar que invita a la intrusión externa. Nos llaman constantemente. Las ventanas dan al patio y escuchamos gritos todo el día. Es aún peor por la noche".
Para todos los prisioneros, menores y adultos, el patio de la prisión es una parada obligatoria de una hora cada día. Las ventanas de las celdas dan al patio, por lo que es casi imposible no ser observado. Cada movimiento, cada palabra tiene lugar bajo la mirada de los compañeros prisioneros y los guardias. Los detenidos hablaron de aburrimiento y de una sensación alterada y artificial del tiempo. "Siento que estar aquí me está volviendo estúpido. Me siento como un idiota. Olvido cosas. He perdido lo que sabía. Ya no veo nada nuevo. En mi celda, mi visión se vuelve borrosa de tanto mirar las mismas paredes, especialmente los fines de semana, que se sienten como tres semanas enteras. Me estoy volviendo loco aquí. La televisión me vuelve loco, así que dibujo para mantenerme ocupado. Requiere fuerza mental. Algunas personas se vuelven locas; ya no les importa nada, como si no tuvieran nada que perder. No me gusta estar cerca de los otros chicos, los de las otras unidades. Prefiero volver a mi celda para evitar problemas".
En el patio, un chico habló de su amor por la naturaleza: quería fotografiar pájaros, dormir al aire libre y lavarse en los ríos. Era el día antes de su audiencia judicial. Solo quería hablar, compartiendo todo lo que le pasaba por la mente: su madre y sus adicciones a las drogas, su miedo a la audiencia, su abogado, la heroína, el deseo de acabar con todo, de quedarse aquí, de ir a otro lugar, el río.
En Francia, solo tres de los seis centros de detención juvenil están autorizados para alojar a chicas. Están alojadas en una unidad separada pero participan en las mismas actividades y clases que los chicos. En su celda, una chica describió la paradoja de sentirse insegura en un espacio construido enteramente en torno a la seguridad y la vigilancia. "Siempre me siento cohibida cuando estoy en la cama, con miedo de que alguien me esté mirando a través de la mirilla. Ya no duermo en la posición que quiero. Antes, no me gustaba dormir con pantalones, pero aquí duermo con toda la ropa puesta. No sé cómo más proteger mi privacidad. No muestro que estoy triste, así que escondo mi tristeza. Tampoco hablo de ello con las otras chicas, para protegerme. Las chicas son así: la más mínima discusión y toda la prisión se entera. Ser chica en detención no es fácil. Cuando gritamos, gritamos de verdad".
La unidad disciplinaria, donde los niños son confinados solos, fue fotografiada mientras las celdas estaban vacías. En su interior, hay un pequeño patio de concreto y celdas casi completamente desnudas, sin privacidad. Las ventanas están cerradas y no se pueden abrir. El estrecho y gris patio existe solo para permitir la hora diaria obligatoria de ejercicio al aire libre. En las paredes, hay frases escritas con heces, ya que los detenidos no tienen permitido tener bolígrafos ni pertenencias personales. Para los menores, el confinamiento en la unidad disciplinaria puede durar hasta cinco días, o siete días en casos que involucren violencia. Según la ley, se supone que los niños sean g
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