La gimnasta ucraniana de diez años, Sasha Paskal, subió esta semana a un escenario en Times Square, Nueva York, con un mensaje mucho más grande que su coreografía. Tras sobrevivir a un ataque ruso que le costó una pierna, Sasha espera que su historia recuerde al mundo que los niños de Ucrania aún viven en guerra.

Antes de su actuación, Sasha y su madre, María, visitaron la sede de la ONU, donde hablaron sobre resiliencia, recuperación y por qué los niños necesitan paz. Sasha entrenaba en gimnasia rítmica desde la primera infancia cuando su vida cambió drásticamente en 2022. Durante los primeros meses de la invasión rusa a gran escala, resultó gravemente herida en un ataque en la región de Odesa. Una losa de hormigón que se derrumbó le aplastó los huesos de la pierna, dejando a los médicos sin otra opción que amputar después de que pasara 15 días en coma inducido.

Tras meses de rehabilitación, Sasha volvió al deporte que ama, actuando con una prótesis moderna. Durante los últimos cuatro años, ha competido junto a niños sin discapacidades, ganando medallas en varias competiciones, incluido un torneo internacional en Rumanía. Para María, cada actuación es una oportunidad para mantener la atención internacional en los niños de Ucrania. "El mensaje principal es que la gente no debe olvidar que la guerra continúa en nuestro país", dijo. Lo que los niños ucranianos más necesitan, añadió, es paz.

La historia de Sasha también inspiró *El corazón ve más que los ojos*, un cómic inclusivo creado por jóvenes con el apoyo de UNICEF a través del programa UPSHIFT. El cómic sigue a una joven gimnasta que continúa entrenando tras perder una pierna y se utiliza en actividades escolares para fomentar la comprensión de la discapacidad y la inclusión.

La experiencia de Sasha refleja el costo más amplio que la guerra sigue teniendo en los niños de Ucrania. Según UNICEF, casi 2,6 millones de niños —más de un tercio de todos los niños en Ucrania— siguen desplazados de sus hogares. Alrededor de 791.000 son desplazados internos, mientras que otros 1,8 millones viven como refugiados en el extranjero. Desde febrero de 2022, más de 3.400 niños han muerto o resultado heridos en ataques, aunque se cree que la cifra real es significativamente mayor. La guerra también ha interrumpido la educación, con más de 1.700 escuelas dañadas o destruidas. Uno de cada tres niños todavía no puede asistir a la escuela presencial a tiempo completo, y los que están cerca de la línea del frente sufren graves impactos psicológicos. UNICEF y sus socios continúan brindando asistencia humanitaria, apoyo psicosocial y servicios educativos.

Hoy, Sasha entrena de tres a cuatro horas al día, cinco días a la semana. Su madre cree que la gimnasia ha sido esencial para su recuperación. "Creo que sin el deporte, todo habría sido mucho peor", dijo María. "Se habría encerrado en sí misma y se habría avergonzado de su pierna protésica. Pero cuando compite, no se avergüenza. Se vuelve mucho más segura". De cara al futuro, Sasha sueña con representar algún día a Ucrania en los Juegos Paralímpicos si la gimnasia rítmica se incluye. Aunque admite que todavía se pone nerviosa antes de las competiciones, tiene un consejo simple para otros niños que enfrentan desafíos: "No te rindas y sigue adelante. Y no le temas a nada".