Madrid ha construido un flamante circuito de Fórmula Uno, porque lo que toda ciudad necesita es más ruido, más tráfico y un humedal estacional convertido en aparcamiento. El Madring, de 5,4 km de longitud, construido al noreste de la capital española con un coste de 83 millones de euros (71 millones de libras), acogerá el Gran Premio de España inaugural del 11 al 13 de septiembre. El circuito se promociona como "un circuito perfectamente conectado: a solo 20 minutos del centro de la ciudad", lo que, francamente, suena a amenaza para cualquiera que valore la paz y la tranquilidad.

Sin embargo, los residentes locales no están entusiasmados. Las pruebas con coches de Fórmula Tres produjeron niveles medios de ruido de 102,7 decibelios, con picos entre 107,7 y 109,1 decibelios. El límite legal para zonas residenciales es de 55 decibelios. No es un error tipográfico; la pista es casi el doble de ruidosa de lo que permite la ley. La plataforma Stop F1 Madrid, formada hace un año, está emprendiendo acciones legales. El portavoz Antonio Ibáñez señaló que la perturbación va más allá de los tímpanos: "No es solo el polvo y el ruido", dijo, señalando que los trabajadores remotos no podían funcionar y que las familias con niños autistas habían tenido que huir de la zona debido a la angustia.

Las autoridades, previsiblemente, lo venden como un éxito. Borja Carabante, concejal de urbanismo, movilidad y medio ambiente del Ayuntamiento de Madrid, asegura que se desplegarán paneles acústicos y, en un clásico ejemplo de lógica automovilística, afirma que los coches de F1 son más silenciosos que los de F3, por lo que "habrá menos ruido el 13 de septiembre que durante las pruebas". También instó a los madrileños a celebrarlo: "Deberíamos felicitarnos de que Madrid acoja un evento tan importante y significativo que nos pondrá en el epicentro de los grandes eventos deportivos". El consejero regional Jorge Rodrigo se hizo eco del sentimiento, calificando la perturbación de "merece un pequeño sacrificio" por los beneficios económicos y el posicionamiento internacional.

Los ecologistas están menos entusiasmados. María Ángeles Nieto, de la plataforma Madrid Ambientalista, señala que se talaron o trasladaron más de 700 árboles y se destruyó un humedal estacional hogar de anfibios. También señala que las temperaturas veraniegas de Madrid pueden superar los 40 grados, y que el circuito exacerbará el efecto isla de calor de la ciudad. "No hay justificación alguna" para someter a los residentes a "un infierno viviente", dijo. El portavoz del Madring insiste en que están tomando "todas las medidas a nuestro alcance para minimizar las molestias", pero por ahora, lo único que ruge más fuerte que los motores es el gemido colectivo del vecindario.