Janie Pérez encontró extraño que su esposo la llamara apenas unos minutos después de salir de casa camino al trabajo. Cuando contestó el teléfono, supo por qué.
"Creo que ICE está aquí", dijo su esposo, Alejandro Pérez, refiriéndose a los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. "Comenzamos a rezar", recuerda Janie, mientras al fondo escuchaba a los agentes de inmigración arrestándolo.
En ese momento, Janie —cuyo apellido de soltera es Hughes— entendió que su vida cambiaría para siempre. Pero no imaginó que terminaría viviendo en México con su esposo y sus dos hijas pequeñas. La mujer estadounidense, que no habla español, admite que ha sido difícil empezar de cero en un país desconocido. Sin embargo, no se arrepiente de la mudanza. "No hay nada más importante que estar juntos".
Estas son las decisiones que enfrentan las familias de estatus migratorio mixto (un cónyuge ciudadano estadounidense y el otro indocumentado), tras un aumento en las detenciones y deportaciones de inmigrantes ilegales en EE.UU. desde que el presidente Donald Trump comenzó su segundo mandato en enero de 2025. Estimaciones oficiales sugieren que 1.1 millones de ciudadanos estadounidenses están casados con una persona indocumentada.
A pesar del vínculo matrimonial, los extranjeros indocumentados tienen dificultades para obtener residencia permanente —o una green card— a través del matrimonio, porque una vez que ingresaron ilegalmente al país, pueden ser excluidos de obtener estatus legal. Desde que regresó al cargo, Trump ha cumplido su promesa de campaña de endurecer las medidas contra la inmigración ilegal, que ha calificado de "invasión". Pero para parejas como Alejandro y Janie Pérez, la elección entre la separación y abandonar Estados Unidos es angustiosa.
Hablando con BBC Mundo desde el estado mexicano de Querétaro, Janie recuerda esa fatídica mañana de octubre pasado cuando su esposo fue arrebatado de ella y sus dos hijas pequeñas, Luna y Lexie. "Caí al suelo de rodillas llorando sin control", dice la joven de 29 años. Como él era indocumentado, ambos sabían que el escenario más probable era la deportación a México. Y eso fue lo que sucedió.
La idea de separar a su familia, dice Janie, era "simplemente inconcebible", incluso si tenía que dejar atrás su vida en Misuri y comenzar una nueva vida en un país completamente desconocido para ella. La religión ha sido una parte fundamental de su relación desde que se conocieron en 2019, cuando trabajaban en el mismo café, él como cocinero y ella como mesera. "Él también era un hombre de fe y eso era algo muy importante para mí", dice Janie.
Cuando finalmente decidieron casarse, consultaron a un abogado para intentar obtener su estatus legal, pero sus esfuerzos no tuvieron éxito. Aunque sabían que podía ser arrestado, intentaron seguir con sus vidas con la mayor normalidad posible. Hasta que todo se derrumbó cuando fue detenido por agentes de ICE.
A partir de entonces, Janie dice que estaba claro que el próximo destino de su esposo sería México. Mientras esperaban la decisión del juez, Janie fue a ver a su esposo al centro de detención. "Como no podíamos tocarnos, pusimos nuestras manos una frente a la otra separadas por un vidrio", dice. "Y lloramos juntos". También tuvo la oportunidad de verlo desde lejos en cada una de las audiencias judiciales, esposado de pies y manos, con cadenas alrededor de la cintura. "Fue desgarrador verlo así", dice.
Alejandro nació en el estado mexicano de Michoacán y entró a Estados Unidos sin visa por primera vez con su padre, cuando tenía solo siete años. Pronto regresaron a México, pero unos años después, Alejandro decidió probar suerte nuevamente en EE.UU. Dice que regresó a EE.UU. ilegalmente porque temía ser reclutado a la fuerza por organizaciones criminales en esa región —un destino común para otros jóvenes de su edad. En total, vivió unos 16 años como migrante indocumentado en EE.UU.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) dice que su prioridad es