Portugal ha establecido un nuevo récord de temperatura en mayo, alcanzando los 40,3°C en la localidad central de Mora el miércoles, superando apenas el récord anterior de 40°C establecido allá por mayo de 2001. La ola de calor tiene a Europa occidental en su agarre sudoroso, con países lidiando como pueden.

Los ministros franceses se reunieron el jueves para evaluar la preparación del país ante la ola de calor, preguntándose presumiblemente si estaban preparados para la estación que ocurre todos los años. El primer ministro Sébastien Lecornu presidió una reunión para desarrollar un plan contra el calor extremo, incluyendo la lucha contra incendios forestales y garantizar suministros de agua adecuados durante el verano. Mientras tanto, el Abierto de Francia perdió al número uno del tenis, Jannik Sinner, por mareos y letargo relacionados con el calor, aunque él insistió en que fue "solo yo hoy" y no el clima parisino de 33°C que ha estado haciendo miserable a todos los demás también.

Las autoridades italianas emitieron una alerta roja por ola de calor para Roma, Florencia, Bolonia, Brescia y Turín, la primera alerta de este tipo del año, advirtiendo de "posibles efectos negativos en la salud de personas sanas y activas", que es una forma educada de decir que todos deberían quedarse en casa con un ventilador. Roma alcanzó los 32°C el jueves.

Se pronostica que el calor continuará hasta el fin de semana, con Alemania, España y Suiza también enfrentando condiciones inusualmente cálidas. Partes de Portugal alcanzarán picos por encima de 35°C el viernes antes de que el calor comience a retroceder, según la oficina meteorológica del país, que probablemente está tan aliviada como todos los demás.

Francia ha mantenido sus exámenes de bachillerato a pesar del calor, porque nada dice rigor académico como sudar durante un examen. Una escuela primaria en Souston, en la región de las Landas, permanecerá cerrada el viernes después de alcanzar 53°C en su interior a principios de semana, una temperatura a la que teóricamente se podrían hornear galletas en un escritorio. El ministro de Educación, Édouard Geffray, dijo que los centros de examen podían elegir aulas con "la mayor sombra" y que los exámenes seguirían adelante "simplemente porque los estudiantes están preparados y... también hay un calendario según el cual esperan sus resultados". Esta decisión atrajo críticas de los sindicatos educativos, y un profesor contó a la radio francesa que sus colegas se veían "obligados a traer sus propios ventiladores". Una encuesta del sindicato de secundaria de Francia encontró que casi el 78% había registrado temperaturas superiores a 30°C esta semana, y recibió informes de profesores que traían destornilladores para forzar la apertura de ventanas, porque aparentemente la ventilación no era parte del diseño escolar.

Diecisiete departamentos, incluido París, están bajo alerta naranja que indica que las personas deben estar "muy vigilantes" ante el clima. La policía anunció medidas para aliviar el tráfico en la capital hasta el sábado, permitiendo solo automóviles de bajas emisiones en las carreteras y reduciendo los límites de velocidad, mientras ofrecía una tarifa única para toda la red de transporte público. Porque nada dice preparación para una ola de calor como hacer que la gente camine hasta una estación de tren.

La causa inmediata es un "domo de calor", un área de alta presión que se estanca, atrapando aire cálido debajo como una tapa sobre una olla de miseria hirviendo. Si bien es difícil vincular eventos climáticos extremos individuales con el cambio climático, los científicos dicen que el cambio climático hace que las olas de calor sean más frecuentes e intensas. En los últimos 30 años, Europa se ha estado calentando a 0,56°C por década, según el servicio climático Copérnico, suficiente para hacer que los extremos de calor sean significativamente más severos. La ONU advirtió el jueves que es probable que las temperaturas medias globales continúen en niveles récord o cercanos a ellos este año y durante los próximos cuatro años. Los 11 años más calurosos jamás registrados ocurrieron todos a partir de 2015, y la agencia meteorológica y climática de la ONU predijo que es "probable" un nuevo año más caluroso antes de 2031. Así que abróchense los cinturones: el futuro es caliente, y no de manera divertida.