Durante décadas, el oceanógrafo Jon Zehr fue perseguido por un organismo que sabía que existía pero no podía ver. En los años 90, a bordo de un barco de investigación en medio del océano, Zehr se propuso encontrar nuevas bacterias fijadoras de nitrógeno. Usando técnicas de ADN de punta, detectó una especie desconocida de cianobacteria unicelular, de unos 3 micrómetros de tamaño. Pero cuando miró al microscopio, nada coincidía. La huella genética estaba allí, pero la bacteria era invisible.

Zehr buscó por todas partes, desde las aguas tropicales de Hawái hasta el Ártico, pero siempre se quedaba con las manos vacías. El misterio se profundizó cuando su equipo descubrió que el organismo había perdido alrededor del 80% de su genoma, incluidos los genes necesarios para la fotosíntesis. ¿Cómo demonios seguía vivo? Entonces Zehr notó un patrón: cada muestra que contenía el ADN misterioso también contenía ADN de un tipo específico de alga, Braarudosphaera bigelowii. Quizás la bacteria se escondía dentro de otro organismo.

Mientras tanto, al otro lado del mundo, la científica japonesa de algas Kyoko Hagino estaba obsesionada con la misma alga. Pasó años recolectando agua de mar con su hija, quien pensaba que la playa era solo para tomar muestras. Para cultivar un cultivo, Hagino finalmente agregó tokoroten, un fideo de alga japonés tradicional, que funcionó. Dentro del alga, vio un misterioso punto negro. Justo cuando estaba a punto de publicar, se topó con el artículo de Zehr que proponía que su bacteria invisible vivía dentro de Bigelowii. Una prueba genética lo confirmó: Hagino había encontrado el organismo perdido de Zehr.

Juntos, revelaron que la bacteria y el alga se habían vuelto tan interdependientes que la bacteria esencialmente se había convertido en un orgánulo: una central de fijación de nitrógeno llamada nitroplasto. Esta es solo la tercera instancia conocida de tal fusión en la historia de la Tierra, uniéndose a las mitocondrias y los cloroplastos. El descubrimiento reescribe una regla fundamental de la biología: la vida compleja ahora puede fijar nitrógeno, abriendo la puerta a innovaciones potenciales como plantas autofertilizantes, aunque trataremos de no emocionarnos demasiado hasta que los fideos estén involucrados.