La prohibición global de las sustancias que agotan la capa de ozono suele considerarse uno de los mejores momentos de la humanidad: un caso raro en el que vimos un problema, acordamos solucionarlo y realmente lo hicimos. Pero un nuevo estudio del MIT sugiere que podríamos haber sido aún más autocomplacientes si hubiéramos empezado un poco antes.

El estudio, dirigido por Jian Guan, plantea un tentador 'qué pasaría si': ¿y si hubiéramos tenido la monitorización satelital actual en la década de 1950, cuando los clorofluorocarbonos (CFC) apenas comenzaban a flotar en la atmósfera? La respuesta, publicada en PNAS, es que podríamos haber detectado el agotamiento del ozono ya en 1957, casi tres décadas antes de que se descubriera el agujero de ozono antártico.

Pero aquí está el detalle: el primer culpable no fueron los CFC, sino el tetracloruro de carbono, un disolvente industrial que llevaba décadas presente. Los registros de núcleos de hielo muestran que para 1950, los niveles de tetracloruro de carbono en la atmósfera eran de 3 a 4 veces más altos que las concentraciones tempranas de CFC. Así que incluso antes de empezar a rociar desodorante al cielo, ya estábamos fastidiando el ozono.

Detectar el daño no fue fácil. Los niveles de ozono fluctúan naturalmente debido a los ciclos solares y las erupciones volcánicas, como la del Monte Agung en 1963, que añadió ruido a los datos. Pero en la estratosfera superior sobre los trópicos, donde la variabilidad es baja y la sensibilidad a los contaminantes es alta, la tendencia habría sido estadísticamente significativa para 1957. En ese punto, la mitad o dos tercios del cloro que devoraba ozono allí provenía del tetracloruro de carbono, no de los CFC.

Para 1976, el agotamiento habría sido detectable en la estratosfera inferior, incluso sobre la Antártida, una década completa antes de que los científicos notaran el agujero. Así que sí, podríamos haber intervenido antes. Pero los investigadores también señalan que el satélite que actualmente realiza esta monitorización ha estado orbitando desde 2004 y ya pasó su fecha de caducidad. El presupuesto de la Casa Blanca del año pasado incluso propuso apagarlo. Porque nada dice 'aprendimos la lección' como desmantelar las mismas herramientas que nos la enseñaron.