La Ley de Protección al Contribuyente, que actualmente avanza por la legislatura de Carolina del Norte, es el equivalente legislativo de un monstruo de Frankenstein: mitad protección sensata, mitad pesadilla de política climática.
Por el lado sensato, el proyecto de ley finalmente pondría freno a los centros de datos y su consumo voraz de energía, protegiendo a los habitantes de Carolina del Norte de facturas eléctricas más altas causadas por esas granjas de servidores devoradoras de energía. Por el lado pesadillesco, liberaría a Duke Energy de los límites a los combustibles fósiles, trastocando aspectos clave de la política energética estatal y, en algunos aspectos, revirtiendo casi 20 años de trabajo minucioso sobre el cambio climático.
"Es lo terrible combinado con lo bueno", explicó un activista local. "Deberían ser dos proyectos de ley separados".
Lisa Sorg, la reportera de Carolina del Norte para Inside Climate News, explica cómo estas dos ideas opuestas se unieron, dónde encajan en el panorama político del estado y qué está en juego si se aprueba el proyecto de ley.
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