Erwin Schrödinger, más conocido por meter a un gato en una caja y dejarlo en un estado de crisis existencial, también tenía algunas ideas sobre el color. Un siglo después, un equipo liderado por la científica de Los Álamos Roxana Bujack ha completado por fin su inacabada teoría del color, usando geometría para definir cómo los humanos perciben el tono, la saturación y la luminosidad.

Los investigadores presentaron sus hallazgos en la Conferencia Eurographics sobre Visualización, formalizando el modelo riemanniano de Schrödinger sobre la percepción del color. Su conclusión clave: esas cualidades cromáticas no son solo equipaje cultural o comportamiento aprendido, sino que están incrustadas en la propia estructura de la percepción del color. "Lo que concluimos es que estas cualidades cromáticas no surgen de constructos externos adicionales como experiencias culturales o aprendidas, sino que reflejan las propiedades intrínsecas de la métrica del color en sí misma", dijo Bujack.

¿El gran avance? Schrödinger nunca definió formalmente el eje neutro —la línea de grises del negro al blanco—, que es como construir una casa y olvidarse de los cimientos. El equipo encontró una manera de definirlo usando solo la geometría de la métrica del color, lo que requirió ir más allá del modelo riemanniano tradicional por completo. También arreglaron el efecto Bezold-Brücke (donde cambiar la intensidad de la luz hace que los tonos se desvíen) usando caminos más cortos en su modelo geométrico, y abordaron los rendimientos decrecientes en la percepción del color.

Todo esto podría tener aplicaciones prácticas en fotografía, video, visualización y ciencias de la seguridad nacional — porque aparentemente, incluso los satélites espía necesitan saber si esa mancha es verde oliva o caqui.