Mahmoud Khalil solo intentaba terminar su maestría en la Universidad de Columbia cuando, en marzo de 2025, agentes del Departamento de Seguridad Nacional vestidos de civil decidieron animar su mañana arrebatándolo de su hogar en Nueva York y llevándolo a un centro de detención migratoria. Porque nada dice 'tierra de los libres' como una rendición sorpresa antes del desayuno.

Luego fue trasladado a otra instalación en Luisiana, a más de 1.600 kilómetros de distancia, presumiblemente porque el gobierno quería asegurarse de que su equipo legal acumulara muchas millas de viajero frecuente. Como titular de una green card, Khalil tiene residencia permanente en EE. UU., pero el secretario de Estado Marco Rubio había determinado que su presencia continua tendría 'consecuencias adversas para la política exterior de Estados Unidos'. Esa es una forma elegante de decir que no les gustaban sus ideas políticas, invocando una disposición legal que se remonta a la era McCarthy, porque ¿para qué arreglar lo que no está roto?

Khalil fue liberado bajo fianza en junio de 2024 después de que un juez federal dictaminara que su detención era inconstitucional, pero la administración Trump sigue intentando deportarlo. Porque nada dice 'respetamos el estado de derecho' como seguir peleando un fallo que perdiste.

Para quienes llevan la cuenta: Khalil nació de padres palestinos en un campo de refugiados en Siria y había sido blanco debido a su defensa de los manifestantes propalestinos durante las protestas universitarias por los vínculos de la Universidad de Columbia con Israel. Los manifestantes pedían que Columbia cortara lazos con instituciones académicas israelíes y empresas que se benefician de la ofensiva israelí sobre Gaza. En respuesta, la universidad llamó a la policía de Nueva York, porque nada desescala una situación como policías armados en el campus.

No había ninguna sugerencia de que Khalil hubiera hecho algo ilegal, y no se presentaron cargos penales en su contra. El gobierno simplemente lo identificó como una voz propalestina influyente en el campus, y solo por esa razón querían que se fuera. Pasó un total de 104 días en detención, perdiéndose el nacimiento de su hijo. Porque nada dice 'valores familiares' como separar a un padre de su recién nacido.

En su libro, Khalil escribe sobre esta ordalía kafkiana con una furia silenciosa, lo que, dadas las circunstancias, parece notablemente contenido. La mayoría de nosotros habríamos optado por una furia ruidosa y posiblemente algunos daños a la propiedad.