Durante la mayor parte de la historia evolutiva, los animales procreaban y luego desaparecían de la vida de sus crías, dejándolas a su suerte. Pero un nuevo estudio en Nature ofrece una explicación tentadora de cómo algunas criaturas evolucionaron hasta convertirse en cuidadores atentos: la evolución no inventó nuevos sistemas cerebrales para la crianza, simplemente recicló los antiguos circuitos del hambre. Porque nada dice 'te quiero' como 'tengo hambre y me pareces comestible'.

Investigadores de la Universidad Rockefeller, liderados por Daniel Kronauer, estudiaron hormigas clonales raider y descubrieron que los comportamientos de cuidado se basan en vías neuronales antiguas originalmente diseñadas para la alimentación. 'La evolución toma lo que tiene y trabaja con ello, a veces de maneras muy sorprendentes', dijo Kronauer, lo cual es básicamente el equivalente biológico de unir con cinta adhesiva una cuchara a un tenedor y llamarlo cuchador.

El equipo identificó un conjunto completo de 70 neuropéptidos en el cerebro de la hormiga, y luego probó el efecto de cada uno en el comportamiento de cuidado. Dos moléculas destacaron: el neuropéptido F (NPF) animaba a las hormigas a atender las larvas, mientras que la alostatina A (AstA) las hacía abandonar la guardería por el aire libre. Las hormigas jóvenes tenían niveles altos de NPF y bajos de AstA, pero a medida que envejecían, el equilibrio se invertía, lo que explica por qué las hormigas viejas piensan: 'Ya he criado suficientes larvas, hora de ir a por unos bocadillos'.

El hambre también influía en estas señales. Las hormigas hambrientas mostraban niveles más altos de NPF y más bajos de AstA, lo que las hacía comportarse como cuidadoras dedicadas. Una vez alimentadas, perdían interés en las larvas y se centraban en buscar comida. Como señaló Kronauer, 'El comportamiento parental tiene mucho que ver con la alimentación, no solo de uno mismo, sino de la descendencia'. Así que la próxima vez que alimentes a tu hijo, recuerda que solo estás siguiendo un impulso neuronal profundamente antiguo.

Esta investigación no es solo sobre hormigas. Los mamíferos utilizan neuropéptidos similares para el cuidado, y dado que los cerebros de las hormigas tienen solo unas 60,000 células (frente a los 100 millones en ratones), son un modelo práctico para estudiar circuitos neuronales. El equipo ahora planea mapear los circuitos exactos afectados por NPF y AstA, con la esperanza de descubrir un plan biológico compartido para la crianza entre especies.

Y hay un extra: estas hormigas podrían ayudarnos a entender el envejecimiento cerebral saludable. Debido a que el comportamiento de las hormigas cambia de manera predecible con la edad, ofrecen un sistema natural para estudiar cómo los neuromoduladores influyen en los roles sociales a lo largo del tiempo. 'En realidad sabemos muy poco sobre cómo cambia el cerebro durante el lapso de vida saludable de un individuo', dijo Kronauer. Así que mientras estamos ocupados financiando investigaciones sobre el Alzheimer, estas hormigas nos recuerdan que el envejecimiento también implica algunos cambios químicos bastante ingeniosos, como decidir que ya eres demasiado mayor para esta tontería de cuidar larvas.