Los abejorros, esos pequeños zumbadores sobrelogradores, han añadido ahora "resolución espontánea de problemas" a su currículum, según un nuevo artículo en Science. Investigadores de la Universidad de Finlandia descubrieron que las abejas pueden resolver tareas de manipulación de objetos sin ningún entrenamiento previo, una hazaña cognitiva que antes se pensaba que requería un cerebro más grande, como el que los humanos usamos para quejarnos del tráfico.

El estudio, dirigido por Olli Loukola, da seguimiento a una investigación de 2024 que mostró a abejas cooperando en rompecabezas, un comportamiento que antes se creía exclusivo de mamíferos de cerebro grande como nosotros y los chimpancés. Ese trabajo anterior entrenó a parejas de abejas para empujar un bloque de Lego o abrir una puerta para obtener una recompensa. Ahora, Loukola quería ver si las abejas podían resolver problemas por sí solas, sin rueditas de entrenamiento.

En el primer experimento, una flor artificial se encontraba sobre un hoyo, demasiado alta para que una abeja la alcanzara flotando. ¿La solución? Hacer rodar una pequeña bola hacia el hoyo y pararse sobre ella, una versión insectil del clásico rompecabezas de la "caja y el plátano". Las abejas se dividieron en tres grupos: uno que aprendió que la flor era gratificante y que la bola era móvil (pero no cómo usarla), uno que solo aprendió sobre la flor, y uno que no aprendió nada en absoluto. El primer grupo resolvió el rompecabezas a una tasa mucho más alta que los otros dos, y también interactuaron con la bola de manera más eficiente e hicieron más intentos. Claramente, estaban motivadas.

Pero el equipo no quedó satisfecho. Querían descartar la posibilidad de que a las abejas solo les gusta hacer rodar bolas por diversión. Así que repitieron el experimento con una barrera que bloqueaba la vista de la flor. Las abejas tenían que hacer rodar la bola a través de una abertura para llegar a la flor. Esta vez, 16 de 22 abejas tuvieron éxito, nada mal para criaturas con cerebros del tamaño de una semilla de sésamo. Para reducir aún más la retroalimentación visual, el equipo añadió tres aberturas en la barrera, y esta vez no hubo diferencia significativa entre abejas entrenadas y no entrenadas. El misterio se profundiza.

Finalmente, los investigadores diseñaron un experimento para aislar el comportamiento dirigido a objetivos del éxito accidental. En una arena rectangular con dos compartimentos ocultos, las abejas tenían que mover una bola al compartimento correcto para llegar a una flor. De 30 abejas, 23 tuvieron éxito, y 16 de ellas lo hicieron sin probar primero el compartimento equivocado. Eso es una impresionante capacidad de razonamiento espacial.

Los autores reconocen que no pudieron rastrear la mirada o la postura de las abejas para identificar el momento exacto del "¡Eureka!", pero argumentan que su diseño proporciona la evidencia más clara hasta ahora de que los abejorros pueden generar soluciones novedosas y dirigidas a objetivos. Estudios futuros profundizarán en los procesos cognitivos detrás del insight de los insectos, porque aparentemente, las abejas están a punto de apoderarse también del mercado laboral.