El nombramiento de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Washington ha resultado ser el equivalente político de un boomerang, excepto que este no deja de golpear al gobierno en la cara, y hoy regresa con fuerza. Una figura importante lo resumió cansadamente como 'otra de esas semanas', que en lenguaje gubernamental significa 'estamos a punto de tener un martes muy malo'.
La escala de la publicación de documentos que llegará a la Cámara de los Comunes es asombrosa: más de 1.000 páginas, lo que la convierte en la mayor publicación gubernamental jamás depositada ante el Parlamento, salvo la obra maestra de 12 volúmenes y 2,6 millones de palabras de la Investigación Chilcot. El primer lote en marzo fue un mero aperitivo de 147 páginas; ahora recibimos el plato principal de más de 160 páginas de los mensajes de texto y WhatsApps de Lord Mandelson.
Downing Street dice que el paquete —tres volúmenes, impresos y encuadernados como el libro de mesa más incómodo del mundo— se publicará en el sitio web del gobierno alrededor de las 14:30, seguido de una declaración del Secretario Jefe Darren Jones. Los funcionarios han dedicado 'miles de horas' a recopilar esto, porque nada dice 'gobierno eficiente' como un vertedero masivo de documentos que todos leerán con el mismo entusiasmo que una cita con el dentista.
El portavoz del primer ministro, con la cara seria de un hombre que ha visto cosas, lo llamó 'la mayor respuesta jamás realizada' a una moción humilde, prometiendo una transparencia 'sin precedentes', que en lenguaje gubernamental significa 'publicamos esto porque estamos legalmente obligados, y tacharemos cualquier cosa que nos haga parecer realmente terribles'. Los documentos prometen una fascinante mirada interna a cómo funciona el gobierno: interacciones privadas, flujos de información y desacuerdos, todo expuesto como una autopsia política.
Quienes conocen la embajada en Washington la describen como un departamento gubernamental en sí mismo, conectado con todo, desde secretos militares hasta la disputa de las Islas Chagos, aunque gran parte de eso probablemente se tachará por razones de seguridad nacional, porque algunas cosas son demasiado embarazosas incluso para el consumo público.
Los internos del gobierno se preparan para la inevitable incomodidad de que mensajes que asumieron que eran para siempre privados sean catapultados a la luz. Palabras como 'excruciante', 'sirviente' y 'vergonzoso' circulan, porque nada dice 'astucia diplomática' como elogios exagerados a un poderoso despedido que luego podrías tener que explicar a un periodista.
No esperamos ver el expediente de seguridad de Mandelson, a pesar de los informes de The Guardian sobre preocupaciones acerca de sus vínculos con China, Rusia e Israel. Sir Olly Robbins, exjefe del Ministerio de Relaciones Exteriores, dijo a los diputados que concedió la autorización de seguridad con 'medidas de mitigación' vigentes, pero los documentos de hoy probablemente no incluirán eso. El propio Mandelson, para que conste, dice que no hubo problemas de seguridad, que no se le pidió que hiciera nada al respecto y que todos han confundido los detalles. Esa es su versión y se mantiene firme.
Los conflictos de intereses comerciales de la ahora desaparecida firma consultora de Mandelson, Global Counsel, fueron manejados por el jefe adjunto de la misión que supervisaba los tratos con esas empresas, porque nada dice 'a distancia' como tener la lista de clientes anteriores de tu jefe gestionada por un colega.
En cuanto a la desaparición de mensajes de WhatsApp, el portavoz del primer ministro dice que hay una revisión en curso de los canales de comunicación corporativos. Porque si hay algo que grita 'transparencia' es investigar por qué la evidencia sigue desapareciendo.
Para el final del día, Downing Street espera haber superado lo peor de esto. Pero no terminará del todo: la investigación policial sobre Mandelson continúa. Él insiste en que no ha actuado criminalmente, no actuó para beneficio personal y está cooperando plenamente. Que es exactamente lo que diría alguien que no ha actuado criminalmente.