Durante décadas, los médicos han estado lanzando aspirina a un tipo común de ictus, asumiendo que el problema era la placa grasa obstruyendo las arterias como un fregadero de cocina atascado. Pero una nueva investigación sugiere que podrían haber estado apuntando al culpable equivocado por completo.

Científicos de la Universidad de Edimburgo, el Instituto de Investigación de Demencia del Reino Unido y colaboradores internacionales han descubierto que el ictus isquémico lacunar —una causa importante de discapacidad y deterioro cognitivo— no es causado principalmente por acumulación grasa en arterias más grandes. En cambio, el verdadero villano parece ser cambios en los diminutos vasos sanguíneos del cerebro, específicamente el agrandamiento y ensanchamiento de las arterias.

El estudio, publicado en la revista Circulation, examinó a 229 personas que habían sufrido un ictus lacunar o un ictus no lacunar leve. Los participantes se sometieron a resonancias magnéticas cerebrales poco después de su ictus y nuevamente un año después. El equipo comparó dos cambios vasculares: el estrechamiento graso de arterias más grandes y el ensanchamiento y alargamiento de las arterias dentro del cerebro.

El estrechamiento de las arterias, encontró el equipo, no se asoció con el ictus lacunar ni con la enfermedad de vasos pequeños. Pero el ensanchamiento de las arterias fue otra historia: los pacientes con arterias agrandadas tenían más de cuatro veces más probabilidades de haber sufrido un ictus lacunar. Las arterias ensanchadas también se vincularon con enfermedad de vasos pequeños más grave, progresión más rápida del daño cerebral y una mayor probabilidad de desarrollar nuevos ictus 'silenciosos' —pequeñas áreas de daño cerebral que ocurren sin síntomas evidentes. Más de uno de cada cuatro participantes desarrolló estos ictus silenciosos durante el estudio, incluso mientras recibían tratamientos preventivos estándar.

Los hallazgos ayudan a explicar por qué medicamentos como la aspirina y otros fármacos antiplaquetarios han tenido un éxito limitado en la prevención de ictus lacunares. También apuntan hacia nuevas estrategias de tratamiento, incluido el ensayo en curso LACunar Intervention Trial 3 (LACI-3), que evalúa fármacos como cilostazol y mononitrato de isosorbida que buscan proteger los vasos sanguíneos más pequeños del cerebro.

"Este estudio proporciona evidencia sólida de que el ictus lacunar no es causado por obstrucción grasa de arterias más grandes, sino por enfermedad de los vasos pequeños dentro del propio cerebro", dijo Joanna Wardlaw, Profesora de Neuroimagen Aplicada en la Universidad de Edimburgo y Líder de Grupo en el Instituto de Investigación de Demencia del Reino Unido. "Reconocer esta distinción es crucial, porque explica por qué los tratamientos convencionales como los fármacos antiplaquetarios no son tan efectivos para este tipo de ictus".

Así que la próxima vez que sientas que te da un ictus, quizás salta la aspirina y empieza a preocuparte por la fontanería de tu cerebro. La ciencia no es nada si no humilde.