Tras desmantelar USAID y retirarse de la OMS, la administración Trump regresa con una nueva oferta para las naciones africanas: cientos de millones en ayuda sanitaria, pero con condiciones que parecen más un patrocinio corporativo que un gesto humanitario. Los acuerdos exigen que los países receptores aumenten su propio gasto sanitario, den prioridad a las empresas farmacéuticas estadounidenses y, en algunos casos, entreguen datos confidenciales de pacientes y muestras biológicas. Kenia firmó un acuerdo de 2.500 millones de dólares en diciembre, pero activistas lo retrasaron en los tribunales. Zambia se negó a vincular la financiación sanitaria con un acuerdo de minerales críticos. Ghana y Zimbabue rechazaron los términos por preocupaciones de privacidad de datos, y la Comisión de Protección de Datos de Ghana señaló que, una vez que los datos salen de Ghana, no tienen control sobre ellos. Sudáfrica, mientras tanto, está perdiendo financiación para el VIH/SIDA por una disputa sobre los derechos de los afrikáners, un movimiento que los críticos dicen que se basa en afirmaciones desacreditadas de 'genocidio blanco'. El nuevo enfoque es un cambio de la cooperación multilateral a través de la OMS a acuerdos bilaterales vinculados a los intereses estratégicos y comerciales de Estados Unidos. Pero como muestra el brote de ébola en la RDC, los recortes han debilitado la respuesta de primera línea: Care perdió un tercio de su personal y se perdieron 10 días críticos en la respuesta. Estados Unidos insiste en que el nuevo modelo es más eficiente y está alineado con los intereses estadounidenses, pero con solo 32 países inscritos y varias naciones africanas negándose, el jurado aún está deliberando.