En la película de 2007 *Habrá Sangre*, Daniel Plainview, tras amasar su fortuna petrolera, declara "He terminado". El autor, un frecuente espectador, interpreta esto no como una confesión de ruina, sino como un anuncio de llegada a un reino más allá de las reglas sociales. En 2018, esta teoría se puso a prueba en el retiro Campfire de Jeff Bezos en Santa Bárbara, California.

El equipo de Bezos invitó al autor, quien recientemente había rechazado una oferta comercial de Amazon, al evento de tres noches para más de 80 invitados en el exclusivo resort Biltmore. Una flota de jets privados recogió a los asistentes, incluyendo celebridades, artistas e intelectuales, desde Van Nuys y Nueva York. Se permitían familias, con niñeras disponibles en el lugar. El resort y un club de playa fueron alquilados exclusivamente para el fin de semana, con una firma de seguridad de Las Vegas garantizando la privacidad.

Los días estaban estructurados: las mañanas presentaban charlas al estilo TED de figuras como un juez de la Corte Suprema en funciones y un neurólogo discutiendo tecnología protésica. Las tardes y noches eran para hacer contactos sobre copas y cenas de cuatro platos. Un estribillo común entre los invitados, desde un cantante de hair-metal de los 80 hasta un novelista ganador del Pulitzer, era "¿Por qué estoy aquí?" Solo las estrellas de cine y los multimillonarios no lo preguntaban; eran veteranos del circuito global de festivales de ideas.

El fin de semana concluyó con una señal quizás de un poder superior: la esposa del autor se rompió la muñeca en el césped mojado, y tanto el autor como sus dos hijos contrajeron la enfermedad de manos, pies y boca. No han sido invitados de vuelta.

En las copas, el autor le dijo al director de una importante agencia de talentos: "He pasado toda mi carrera tratando de entender cómo funciona el mundo. No me di cuenta de que podía simplemente venir aquí y preguntarles a quienes lo dirigen". Aunque dicho en broma, la experiencia cristalizó el concepto de 'la élite'. Escuchando a un famoso chef hablar sobre trabajo humanitario, el autor reconoció una 'arrogancia del logro': la creencia de que el genio en un campo confiere genio en todos.

Los 80 invitados poseían un patrimonio neto combinado mayor que el de una pequeña ciudad, pero era infinitesimal comparado con el anfitrión Jeff Bezos, entonces el segundo centimillonario del mundo con un patrimonio de alrededor de 112 mil millones de dólares. Bezos era omnipresente, riendo a carcajadas en una camiseta ajustada con sus hijos adolescentes. Su esposa, en retrospectiva, parecía triste. Bezos aún interpretaba el papel de un hombre cuya reputación importaba, uno cuyas acciones tenían consecuencias.

Ocho años después, el autor observa que Bezos, junto con Mark Zuckerberg y Elon Musk, claramente han dejado ese mundo atrás. La verdadera riqueza, argumenta el autor, no se trata de adquirir superyates o jets; es cuando todo se vuelve efectivamente gratuito y el concepto de fracaso pierde significado. Esta invulnerabilidad tiene ramificaciones psicológicas, creando una autodefinición donde el individuo se expande y el universo desaparece. El expresidente Donald Trump, preguntado sobre los límites a su poder, citó solo su propia moralidad y mente.

La psicología del desarrollo muestra que el razonamiento moral se desarrolla a través de consecuencias y retroalimentación de la realidad. Para los ultra ricos, este mecanismo se apaga. Pueden comprar su salida de errores, despedir a disidentes y están rodeados de personas que necesitan algo de ellos. Cuando Peter Thiel dijo: "Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles", hablaba de su propia libertad, no de la tuya. Cuando Musk ejecutó el truco de DOGE, fue con el aire de un hombre para quien la pobreza y el caos no importaban; se estaba divirtiendo, y perder había perdido su significado.

Desde las elecciones de 2024, un cambio filosófico en la derecha, especialmente entre los multimillonarios tecnológicos, ha vilipendiado la empatía. Musk la ha llamado "la debilidad fundamental de la civilización occidental", enmarcándola como una vulnerabilidad explotada por otros. Este rechazo proporciona cobertura para aquellos que no quieren sentir.

El autor finalmente conoció a Bezos el último día, después del incidente de la muñeca. Cuando Bezos preguntó sobre su experiencia en Campfire, el autor, una persona honesta, le dijo que fue genial pero mencionó la muñeca rota por resbalar en el césped mojado. La noche anterior, habían visto nadadoras sincronizadas, hablado con un novelista famoso desconcertado y escuchado el set acústico de una estrella de rock, todo mientras una brutal viruela comenzaba a formarse bajo la piel del autor. Después de la caída, un equipo de seguridad privada los llevó rápidamente a una entrada trasera de una sala de emergencias de Santa Bárbara para tratamiento inmediato, permitiéndoles regresar a tiempo para la llamada de Zoom del juez de la Corte Suprema.