El tejido graso tiene mala fama. Es la parte del cuerpo que nos dicen constantemente que debemos perder, el enemigo en cada anuncio de dieta y revista de fitness. Pero aquí está el giro: los científicos ahora saben que el tejido adiposo es en realidad un órgano activo y esencial que maneja el almacenamiento de energía, la producción de hormonas y la regulación metabólica. ¿Demasiada grasa? Malo. ¿Muy poca grasa? También malo, aparentemente.

En condiciones raras como la lipodistrofia parcial familiar tipo 2 (FPLD2), la pérdida anormal de grasa y la distribución desigual pueden provocar diabetes y otras enfermedades metabólicas. La Dra. Elif Oral de la Universidad de Michigan ha pasado su carrera tratando de descubrir por qué perder la grasa equivocada causa estragos en el metabolismo. Trabajando con un equipo que incluye a Jessica Maung y Ormond MacDougald, investigó lo que sucede dentro del tejido graso enfermo.

"Una explicación simple es que todas las células grasas tienen cosas realmente catastróficas sucediendo en ellas", dijo Maung. El equipo desarrolló un modelo de ratón donde podían desactivar el gen de la lámina A/C específicamente en las células grasas, el mismo gen mutado en pacientes con FPLD2. Encontraron cambios importantes en la actividad génica que impedían que las células grasas procesaran y almacenaran lípidos correctamente. Mientras tanto, las células grasas y las células inmunitarias dentro del tejido entraban en modo proinflamatorio, y las mitocondrias dejaban de funcionar normalmente. "Todos estos efectos se combinan para crear este entorno perfecto para que el tejido sea realmente poco saludable y eventualmente desaparezca", agregó Maung.

Cuando la grasa saludable desaparece, el cuerpo no puede manejar los lípidos ni liberar hormonas metabólicas correctamente, lo que lleva a diabetes y enfermedad del hígado graso. "La gente piensa en la diabetes tipo 2 como una enfermedad de las células beta, pero en realidad también es una enfermedad de las células grasas", dijo Oral. Los hallazgos sugieren que proteger el tejido adiposo antes de que se deteriore podría ser un objetivo terapéutico. El trabajo también subraya el valor de la colaboración entre científicos de laboratorio, médicos y pacientes, porque aparentemente, la grasa es más que algo para meter en unos jeans.