Un lector escribe sobre una crisis familiar que es a la vez trágica y absurda: su madre de unos 70 años está tan metida en el Tetris, el solitario y las máquinas tragamonedas que bien podría ser un fantasma merodeando la sala de estar. La adicción comenzó en los años 90 con un ordenador de escritorio, migró a un portátil y ahora vive permanentemente en su teléfono inteligente, donde juega incluso mientras le hablan. El lector y sus hermanas solían bromear al respecto, pero después de que su padre muriera hace cuatro años, el juego ha escalado hasta el punto de que Mamá pasa horas en múltiples dispositivos simultáneamente, emocionalmente ausente y negándose a hablar del duelo o buscar apoyo.

La psicoterapeuta Rebecca Harris, que dirige el Centro Nacional de Trastornos del Juego, confirma que este es un fenómeno conocido entre los adultos mayores. Plantea que las adicciones a menudo comienzan como estrategias de afrontamiento, una forma de manejar algo que luego se descontrola. La gran pregunta, dice, es si Mamá ya era emocionalmente ausente antes de que llegara el ordenador en los años 90. Harris aconseja abordar la conversación con compasión, señalando que el juego cumple una función para Mamá, por lo que podría ponerse a la defensiva. El truco, quizás, es replantear el problema: en lugar de atacar el juego, intentar encontrar actividades donde el teléfono no sea viable, como salir y hacer algo juntos.

Harris también ofrece una prueba de fuego: ¿dejaría Mamá el comportamiento si surgiera una mejor oferta? Si no, podría ser una adicción genuina. Pero el lector también debería considerar si eliminar los juegos por completo podría resultar contraproducente: si los sentimientos subyacentes no se abordan, Mamá podría encontrar otra forma de adormecerse. El Centro Nacional de Trastornos del Juego está disponible para apoyo, junto con líneas de ayuda para el juego en el Reino Unido, EE. UU. y Australia. Al final, el lector podría estar menos preocupado por el futuro fantasma de Mamá que por su propio arrepentimiento si no abordan esto ahora. Lo cual, honestamente, es un miedo muy razonable.