Un antiguo refrán meteorológico inglés advierte: “Colas de yegua y escamas de caballa hacen que los barcos altos lleven velas bajas”. En otras palabras, si el cielo parece el hijo de un pez y un caballo, quizás quieras asegurar las escotillas.

Los cielos de caballa —cirrocúmulos o altocúmulos dispuestos en hileras irregulares que se asemejan a las escamas de, lo adivinaste, una caballa— vienen en dos sabores: blancos y vaporosos (cirrocúmulos, más estrechos que un dedo a la distancia del brazo) o grises y más gruesos (altocúmulos, como tres dedos). Las colas de yegua, técnicamente Cirrus uncinus o “gancho rizado”, son cristales de hielo de gran altitud con una cabeza en forma de coma y penachos barridos hacia atrás. Se ven exactamente como la cola de un caballo, porque la naturaleza tiene sentido del humor.

Ambos tipos de nubes señalan la llegada inminente de un frente cálido o un sistema ciclónico de baja presión. A medida que un frente cálido avanza, empuja la humedad a grandes altitudes, creando estos patrones distintivos. Los cielos de caballa resultan de la turbulencia; las colas de yegua se forman cuando los cristales de hielo son arrastrados en largos penachos tenues por vientos de diferentes velocidades a distintas altitudes.

Resulta que el viejo refrán es preciso. Los marineros de barcos altos tenían razón al bajar las velas y reducir la superficie vélica para evitar ser desequilibrados por vientos fuertes. Así que la próxima vez que veas un cielo de caballa o una cola de yegua, puedes impresionar a tus amigos con tu sabiduría náutica —y quizás recoger la ropa tendida.