Por tercera vez en cuatro años, Gran Bretaña parece estar al borde de que un primer ministro anuncie su plan para dejar el cargo, no porque haya perdido una elección, sino porque su propio partido decidió que preferiría a otra persona. Se espera que Sir Keir Starmer, menos de dos años después de ganar unas elecciones generales, fije un calendario para su partida, posiblemente ya esta mañana.

Este ritual se ha vuelto deprimentemente familiar. En julio de 2022, Boris Johnson se paró en Downing Street y admitió de mala gana que sus diputados estaban hartos. Tres meses después, Liz Truss hizo lo mismo. Ahora le toca a Starmer, después de un mandato que muchos en su propio bando describen como 'desinflante' desde hace meses. Intentó elevar el listón para sus sucesores, bloqueando el primer intento de Andy Burnham de regresar a Westminster e insistiendo en que lucharía contra cualquier desafío de liderazgo. Pero la contundente victoria de Burnham en las elecciones parciales de la semana pasada destapó el descontento reprimido.

Al menos cuatro ministros del gabinete, incluidos los secretarios de Interior y Exteriores, le han dicho a Starmer que fije una fecha de salida. Tiene dos opciones: despedirlos y seguir adelante mientras su probable sucesor se dirige hacia Westminster, o aprovechar la poca agencia que le queda y dar forma a su salida. El partido debate si tener una contienda completa o una coronación rápida; Burnham podría ser primer ministro en una o dos semanas si el impulso es abrumador.