Las cigüeñas blancas en Europa están cambiando su dieta tradicional por los placeres culinarios del vertedero local, y no es exactamente un plan de salud sacado de una revista de bienestar. Los investigadores han descubierto que estas aves, que alguna vez estuvieron en peligro de extinción, están engordando a base de darse un festín con basura humana, lo que genera preocupación sobre efectos ocultos a largo plazo en su salud.

Los vertederos ofrecen un bufé de restos de carne, insectos y roedores, ahorrando a las cigüeñas la energía que de otro modo gastarían cazando en los campos. Pero esta conveniencia viene acompañada de plásticos, cables, vidrio y metales pesados. Anustup Bandyopadhyay, estudiante de doctorado en la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, señaló que, si bien los residuos globales están creando nuevas oportunidades de alimentación, las consecuencias para las cigüeñas aún están en debate.

Estudiando cigüeñas en Polonia, donde la comida de vertedero se ha vuelto popular en la última década, los investigadores encontraron que las cigüeñas alimentadas en vertederos presentan mayor masa corporal y mayores reservas de energía. "Pueden pasar menos tiempo buscando comida y potencialmente canalizar ese tiempo y energía en otras actividades como la reproducción", dijo Bandyopadhyay. Pero los hallazgos preliminares, presentados en la conferencia de la Sociedad de Biología Experimental, también revelaron daños en el ADN de polluelos de tan solo una semana de edad.

La dieta de comida chatarra también podría estar alterando los patrones de migración. En la península ibérica, las cigüeñas blancas han pasado de ser migratorias a ser parcialmente migratorias o incluso sedentarias, gracias en parte a los subsidios de los vertederos. La profesora Aldina Franco, ecóloga de la Universidad de East Anglia, describió la comida de vertedero como "comida chatarra" para las aves: altamente energética pero de mala calidad y en descomposición.

Franco señaló el matiz: mientras que algunas cigüeñas pueden morir por los contaminantes, la mayoría se beneficia del alimento extra. Pero con las políticas de la UE que reducen el acceso a vertederos abiertos, la dependencia de las cigüeñas de la basura podría convertirse en un problema. "¿Disminuirán las poblaciones de cigüeñas si les impedimos por completo acceder a nuestros residuos orgánicos?", preguntó Franco. "Creo que es un riesgo y hay que pensarlo bien".