Se alzan imponentes, se mecen con el viento y a menudo están llenos de pájaros ruidosos, pero los árboles son fáciles de ignorar, especialmente para los urbanitas ocupados y, al parecer, para los líderes de las ciudades. En un nuevo ensayo publicado hoy en PLOS Climate, docenas de científicos argumentan que los alcaldes de todo el mundo están pasando por alto la fruta literalmente al alcance de la mano de la silvicultura urbana mientras prometen reducir emisiones. "Tenemos que elevarlo de algo agradable de tener a algo que requerimos, como obligatorio", dijo Manuel Esperon-Rodriguez, ecólogo de la Universidad de Bangor y autor principal. "De la misma manera que tratamos la educación, la seguridad, el transporte, tiene que elevarse a ese nivel".

¿Por qué la urgencia? Los árboles enfrían las junglas de concreto al proporcionar sombra y liberar vapor de agua (básicamente, sudan por nosotros). También permiten que el agua de lluvia se filtre al suelo en lugar de inundar las calles, un truco que ahorrará dinero a las ciudades a medida que el cambio climático haga las lluvias más extremas. Los parques mejoran la salud mental, las granjas urbanas producen alimentos y empleos, y la vegetación absorbe contaminantes. Los científicos proponen un plan de cuatro puntos que cubre la financiación, la plantación y el mantenimiento de los bosques urbanos, incluyendo desde árboles en las aceras hasta arbustos en los patios traseros.

Primer obstáculo: el dinero. La silvicultura urbana no es solo comprar árboles y cavar hoyos; mantenerlos cuesta, especialmente cuando son jóvenes y vulnerables a las plagas. Los investigadores argumentan que los gobiernos municipales deberían destinar un presupuesto dedicado, tratando los espacios verdes como infraestructura crítica. Incluso las ciudades con problemas de liquidez se benefician: un informe reciente encontró que cada dólar gastado en parques genera 3 dólares en beneficios económicos locales anualmente, gracias a ciudadanos más saludables y un turismo impulsado.

Segundo: equidad. Los barrios más ricos son más verdes y frescos, mientras que las áreas desatendidas sufren el efecto de isla de calor urbana, malas noticias para quienes no tienen aire acondicionado. "Entonces, ¿cuál es el costo?", preguntó Esperon-Rodriguez. "Están perdiendo oportunidades, están perdiendo actividades recreativas. Y si no tienen aire acondicionado, además está el problema de la salud".

Tercero: colaboración comunitaria. Los funcionarios no pueden simplemente llegar y plantar árboles. Algunos residentes quieren árboles frutales; otros se preocupan por las manchas de cerezas en las aceras o las alergias al polen. Cuarto: consagrar la expansión en la legislación, no solo en promesas de campaña. "Esto no solo es más duradero", dijo Esperon-Rodriguez, sino que ayuda a responsabilizar a los funcionarios si no cumplen los objetivos.

Finalmente, las campañas deben basarse en evidencia: elegir especies que sobrevivan al aumento de temperaturas, no solo las que se vean bonitas. "Es una forma de asegurar que lo que plantemos hoy sobreviva los próximos 10, 20 o 50 años", dijo Esperon-Rodriguez. En otras palabras, planta árboles como si el futuro de tu ciudad dependiera de ello, porque así es.