Venus ya es el candidato principal al inmueble más hostil del sistema solar, con temperaturas superficiales que podrían derretir plomo y una atmósfera que te aplastaría como una lata. Pero una nueva investigación sugiere que el planeta también podría estar geológicamente activo, destrozándose desde dentro con enormes valles de rift que se extienden hasta 10,000 kilómetros, aproximadamente la distancia de Nueva York a Tokio, si quisieras tomar un viaje por carretera realmente, realmente largo.

Durante décadas, los científicos asumieron que Venus estaba geológicamente muerto, su superficie congelada en el tiempo desde hace más de 100 millones de años. Pero un nuevo estudio de la ETH Zúrich, publicado en Nature Geoscience, pone esa suposición patas arriba. Investigadores liderados por Taras Gerya y el estudiante de maestría Xi Yang utilizaron simulaciones por computadora en 3D de alta resolución para mostrar que algunos de los valles de rift de Venus pueden ser mucho más jóvenes de lo que se creía anteriormente, y que el planeta aún podría estar retorciéndose con actividad tectónica.

Las simulaciones revelaron que cuando los rifts son jóvenes, desarrollan crestas elevadas y anchas llamadas flancos de rift a lo largo de sus lados. Estas características aparecen mientras los rifts aún se están moviendo o poco después de que se detienen, y se aplanan relativamente rápido una vez que el movimiento tectónico termina. A diferencia de la Tierra, donde la erosión desgasta las montañas, los flancos de rift de Venus se hunden porque la corteza se relaja lentamente después de ser estirada. El modelo también sugiere que los rifts de Venus se extienden a unos 3 a 10 centímetros por año, más rápido que estimaciones anteriores.

Los investigadores compararon sus paisajes simulados con imágenes de la sonda Magallanes de la NASA, que cartografió Venus en la década de 1990, y encontraron similitudes sorprendentes. Esa es una buena evidencia de que algunos de estos rifts se formaron recientemente, en términos geológicos. "Los resultados nos ayudan a evaluar mejor la actividad tectónica en Venus", dice Gerya, que es una forma educada de decir que Venus podría estar más vivo de lo que pensábamos.

Los hallazgos podrían ayudar a futuras misiones, como el orbitador EnVision de la NASA y la ESA, que se lanzará a principios de la década de 2030, a apuntar a áreas donde aún pueda haber actividad geológica. El trabajo también ofrece pistas sobre cómo evolucionan los planetas rocosos, lo que algún día podría ayudar a identificar exoplanetas activos más allá de nuestro sistema solar. Así que, aunque Venus sigue siendo un infierno absolutamente inhóspito, al menos es interesante.