Un padre escribe para decir que su hijo se muda, y aunque está feliz por él, también se siente "desolado" — un estado que el escritor describe como similar al duelo, con lágrimas incontrolables e incapacidad para mirar fotos antiguas. Admite que no era feliz antes de tener a su hijo y teme volver a ese estado. Su pareja lo apoya, pero aparentemente hay un límite de cuánto llanto puede soportar una persona.
Eleanor, la columnista de consejos, da la noticia predecible pero necesaria: está bien no sentirse bien ante algo bueno y correcto. Señala que la paternidad significa sentirse más vulnerable y dividido que el joven que se independiza — lo cual, señala, haría a un padre muy extraño si compartiera los mismos sentimientos.
Sus consejos incluyen aceptar sentimientos encontrados en lugar de intentar eliminar el duelo, buscar terapia para el miedo a volver a la infelicidad previa al hijo, y — el consejo más práctico — mantenerse ocupado con actividades que no se pueden hacer cuando el hijo está cerca, como viajar o pasar tiempo romántico con la pareja. El punto, dice, es recordarse a uno mismo que hay partes de ti fuera de ellos, y que la diversión aún existe más allá de su ausencia.
Porque nada dice "seguir adelante" como unas vacaciones bien programadas y un recordatorio de que tu identidad completa no gira en torno a la ropa sucia de otro.