El Observatorio Swift ha estado haciendo un gran trabajo estudiando estallidos de rayos gamma desde 2004, pero las recientes tormentas solares decidieron jugar un cruel juego de limbo orbital, empujándolo cada vez más abajo hasta que corrió el riesgo de quemarse en la atmósfera terrestre ya este mismo año. Para evitar que esta pieza de historia espacial de 500 millones de dólares se convierta en una estrella fugaz muy cara, la NASA llamó a Katalyst Space Technologies. La nave Link de la empresa despegó el viernes con la misión de interceptar a Swift —que carece de propulsión propia, porque aparentemente en 2004 a nadie se le ocurrió darle una— y elevar su órbita de nuevo. Swift actualmente orbita a una altitud bastante alarmante de 224 millas, y Link pretende elevarla unas 150 millas más.

Usar una nave espacial de tres brazos para elevar un satélite 150 millas más arriba ya es el tipo de cosa que hace sudar a los ingenieros, pero la velocidad de esta operación añade una capa extra de impresionante. La NASA exigió un trabajo urgente porque Swift estaría demasiado bajo para ser salvado en octubre. Así que en solo nueve meses y por apenas 30 millones de dólares —una ganga comparada con el precio de 500 millones del telescopio— la ayuda está en camino. El Observatorio Neil Gehrels Swift, que ha sido crucial para estudiar estallidos de rayos gamma y entender el universo temprano, quizás viva para ver otra explosión cósmica.