En un fallo que sorprenderá precisamente a nadie que haya leído la Primera Enmienda, el juez federal de distrito Jorge L. Alonso del Distrito Norte de Illinois declaró que las tácticas de presión de la administración Trump sobre las empresas tecnológicas cruzaron una línea constitucional. La administración, en su infinita sabiduría, decidió que presionar a Facebook y Apple para eliminar grupos y aplicaciones que rastrean a ICE era un buen uso de su tiempo. El juez Alonso, sin embargo, lo vio de otra manera y concedió una medida cautelar a los demandantes, Kassandra Rosado, quien dirige el grupo de Facebook ICE Sightings - Chicagoland, y el Kreisau Group, desarrolladores de la aplicación Eyes Up.
El juez Alonso no sacó este razonamiento de la nada; se apoyó fuertemente en una decisión unánime de la Corte Suprema de un caso de 2024. Ese caso presentó la improbable pareja de la NRA contra Maria Vullo, la ex superintendente del Departamento de Servicios Financieros de Nueva York. El fallo del alto tribunal en ese asunto estableció claramente que los funcionarios gubernamentales no pueden simplemente intimidar a empresas privadas para suprimir el discurso que no les gusta, un concepto aparentemente perdido para la administración anterior.
Los demandantes, Kassandra Rosado y el Kreisau Group, argumentaron que esta campaña de presión fue un intento descarado de sofocar su capacidad para compartir y acceder a información sobre las actividades de aplicación de inmigración. Sus herramientas, el grupo de Facebook ICE Sightings - Chicagoland y la aplicación Eyes Up, sirven como recursos comunitarios para rastrear los movimientos de ICE. El tribunal estuvo de acuerdo en que las acciones del gobierno probablemente violaron sus derechos de la Primera Enmienda, lo que llevó a la medida cautelar que bloquea dicha coerción.
Este caso subraya un tema recurrente en la gobernanza moderna: funcionarios que intentan lograr mediante amenazas de canales ocultos lo que no pueden lograr por medios legales y transparentes. El fallo refuerza que el gobierno no puede cooptar plataformas privadas como Facebook y Apple para hacer su trabajo sucio de censura. Es una victoria para los defensores de la libertad de expresión y un recordatorio de que incluso los esfuerzos dirigidos a las actividades de aplicación de inmigración deben cumplir con los principios fundamentales de la Constitución.