En una medida que no sorprenderá a nadie familiarizado con el sistema judicial de la República Islámica, las hermanas mellizas Taraneh y Romina Rahimi han recibido lo que solo puede describirse como un 'veredicto mixto' por su participación en las protestas antigubernamentales de enero: una sentencia de muerte, una condena de 25 años de prisión. Porque ¿por qué no? La consistencia es para aficionados.
Las mellizas de 20 años fueron sacadas de sus camas a punta de pistola en febrero por hombres enmascarados identificados posteriormente como agentes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, un mes completo después de unirse a millones en las calles de Isfahán. Su madre, Marzieh Nourmohammadi, pasó cuatro meses buscando frenéticamente en hospitales e instituciones estatales antes de enterarse de que sus hijas estaban en la prisión de Dowlatabad. Cuando finalmente las vio en mayo, no reconoció a sus propias hijas: cueros cabelludos desparejos por ser arrastradas por el cabello, caras hinchadas, moretones, codos, nudillos y pies rotos. A Taraneh, que sueña con dirigir un establo de caballos, supuestamente le dijeron que si no firmaba una confesión, los guardias violarían a su hermana delante de ella. Encantador.
El tribunal no ofreció ninguna explicación por la disparidad en las sentencias. Su primo, Masoud Nourmohammadi, especialista en TI de salud en Utah, señaló que el régimen ni siquiera sigue sus propias leyes, saltándose el plazo de apelación de 18 días en muchos casos recientes de ejecución. Sospecha que la obvia inocencia de Taraneh - visible en sus amables ojos, aparentemente - la convirtió en candidata principal para la ejecución, un mensaje para los manifestantes: 'Podemos atraparlos, no importa cuán inocentes sean'.
Irán ha ejecutado a más de 500 personas este año, incluyendo al menos 29 relacionadas con las protestas de enero, con al menos 16 mujeres entre ellas. Cientos más enfrentan posibles sentencias de muerte, incluyendo más de 70 solo en Isfahán. El Reino Unido y otros 30 países firmaron una declaración conjunta condenando las ejecuciones, pero el régimen parece no inmutarse. Nourmohammadi, que ha recibido amenazas de muerte por hablar, insiste en que el caso de las hermanas debería galvanizar los esfuerzos para terminar con el régimen islámico. Los abogados de las hermanas afirman que no se presentó evidencia de violencia, y que sus confesiones fueron obtenidas bajo tortura. Pero ¿quién necesita evidencia cuando tienes un mensaje que enviar?
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