El Infierno de Dante Alighieri puede contener más que simbolismo religioso e imaginación poética. Según una nueva investigación, la famosa obra también podría representar un experimento mental temprano en física de impactos, describiendo una colisión planetaria catastrófica siglos antes de que existiera la ciencia moderna de los meteoritos. Al comparar las descripciones de Dante con las teorías modernas de impactos de asteroides y formación de cráteres, los investigadores sostienen que el poeta del siglo XIV imaginó un evento cósmico que alteró la Tierra mucho antes de que los científicos entendieran la meteorítica.

Durante cientos de años, los lectores han interpretado el descenso de Satanás en la Divina Comedia como una caída espiritual de la gracia. Pero Timothy Burbery de la Universidad Marshall cree que Dante pudo haber imaginado algo mucho más físico y destructivo. Utilizando conceptos de la meteorítica moderna, Burbery sugiere que Dante retrató a Satanás como un impactador masivo de alta velocidad que golpeaba el hemisferio sur y se dirigía directamente hacia el núcleo de la Tierra. Según esta interpretación, la fuerza de la colisión empujó la tierra hacia afuera en el hemisferio norte, creando el Infierno como un cráter gigante que se elevaba desde abajo. Al mismo tiempo, el material desplazado por el impacto formó el Monte Purgatorio como un pico central imponente en el lado opuesto del planeta.

Burbery compara la escala de la catástrofe imaginada por Dante con el impacto de Chicxulub (K-Pg) vinculado a la extinción de los dinosaurios. En esta lectura, Satanás se asemeja a un objeto alargado del tamaño de un asteroide similar al cuerpo interestelar Oumuamua, llegando con suficiente fuerza para desencadenar un evento geológico planetario. Al igual que el asteroide asociado con la extinción K-Pg, el impacto descrito en el Infierno se retrata como lo suficientemente poderoso como para penetrar profundamente en la Tierra y remodelar el planeta mismo. Burbery también compara a Satanás con el meteorito Hoba, una roca espacial de 60 toneladas que sobrevivió al impacto en gran parte intacta. En esta interpretación, Satanás no es tratado solo como una figura simbólica, sino como un impactador físico que permaneció entero mientras alteraba permanentemente la estructura de la Tierra.

El estudio también reexamina los famosos nueve círculos del Infierno. En lugar de verlos únicamente como capas simbólicas que representan el pecado, Burbery sostiene que se asemejan mucho a los anillos escalonados que se ven en cuencas de impacto masivas en todo el sistema solar. Formaciones de cráteres similares se pueden encontrar en la Luna, Venus y otros cuerpos planetarios. La investigación sugiere que Dante describió intuitivamente características que se asemejan a cráteres de anillos múltiples formados por impactos gigantes. Burbery argumenta además que Dante anticipó ideas relacionadas con la velocidad terminal y la penetración de la corteza, conceptos vinculados a cómo se comportan los objetos extremadamente grandes al chocar con planetas. El estudio también conecta estas ideas con la geometría no euclidiana explorada más tarde en el Paraíso, sugiriendo que la cosmología de Dante puede contener conceptos físicos sorprendentemente avanzados ocultos dentro de su marco literario.

Según la investigación, esta interpretación tiene implicaciones más allá de la literatura. Burbery sostiene que las historias y los mitos pueden preservar observaciones sobre desastres naturales y amenazas cósmicas mucho antes de que surjan explicaciones científicas. El trabajo sugiere que Dante reconoció los meteoros como fuerzas geológicas reales en un momento en que las creencias aristotélicas aún retrataban los cielos como perfectos e inmutables. Al presentar la caída de Satanás como un evento físico violento en lugar de una alegoría puramente espiritual o una ilusión óptica, Dante pudo haber ayudado a mover el pensamiento occidental hacia la idea de que los objetos celestes pueden remodelar directamente la Tierra. Burbery dice que esta conexión entre literatura y ciencia fomenta una perspectiva más amplia sobre cómo las narrativas antiguas pueden contener ideas que los investigadores modernos apenas comienzan a comprender. En última instancia, la Divina Comedia ahora puede verse no solo como uno de los mayores logros literarios de la historia, sino también como un gedankenexperiment (experimento mental) geofísico que inesperadamente se asemeja a aspectos de la meteorítica moderna, aunque aún difiere de la comprensión científica actual.