Aquí tienes una que te gustará: un hombre llega a casa y encuentra a su esposa esposada a la pared y a sus hijos pequeños desaparecidos. Los han llevado los servicios de protección infantil por la falta de un refrigerador en la casa, lo que se trata como un signo de negligencia. Cuando se enfrenta a los agentes de la ley afuera, lo golpean hasta matarlo. Décadas después, una de las niñas, ahora adoptada en un hogar judío en Montreal, sale a buscar a la familia que perdió, arriesgando el colapso de su nueva vida para hacerlo. Nunca dijimos que fuera una broma. Aunque resulta que sí había refrigerador, detrás de la casa.

Viendo Pajarito (18 de agosto, 21:00, Sky Atlantic), nos acordamos de que la TV es capaz de más que mero entretenimiento, algo que perdemos de vista cuando pensamos en ella como una empresa puramente de ganancias o pérdidas. Sentimos la rabia visceral y la tristeza de esta historia de una mujer de las Primeras Naciones atrapada entre culturas, robada por fuerzas fuera de su control y bloqueada por las autoridades. Ambientada en Canadá, la actitud, si no los hechos, se siente vergonzosamente familiar.

Basada en la historia real del Robo de los Sesenta, el escándalo de los niños de las Primeras Naciones que fueron arrebatados por la fuerza a sus padres y adoptados por familias blancas, Pajarito es un drama canadiense hermoso y conmovedor que te llenará de rabia visceral. Tiene dignidad y ternura, que es más de lo que se puede decir del sistema que retrata.