El presidente nicaragüense Daniel Ortega, quien ha estado en el poder desde 2007, ha propuesto extender el mandato presidencial por otro año. Porque cuando ya has eliminado los límites de mandato y alargado el período de cinco a seis años, ¿qué más da uno más? Se espera que la Asamblea Nacional controlada por el gobierno apruebe la extensión en septiembre, porque claro que sí.

La propuesta es parte de una reforma constitucional que también busca impedir que miembros de la oposición considerados "traidores" o "golpistas" se postulen para cargos públicos. Porque nada dice democracia como definir a tus críticos como traidores.

Ortega, de 80 años, se ha vuelto cada vez más autoritario durante sus 19 años de reinado, encarcelando a oponentes, enviándolos al exilio y despojándolos de su ciudadanía. En 2014 se eliminaron los límites de mandato; en 2024, el mandato se extendió a seis años. La legislatura también aprobó nombrar a su esposa, Rosario Murillo, como "copresidenta", allanando el camino para que ella asuma el control si Ortega, con salud aparentemente frágil, es declarado "permanentemente ausente".

Las elecciones presidenciales se celebraron por última vez en noviembre de 2021, un concurso unilateral ganado por Ortega después de una brutal represión. Los candidatos rivales fueron detenidos, descalificados o exiliados; solo se permitió participar a desconocidos sin posibilidades. El jefe de derechos humanos de la ONU, Volker Türk, advierte que la represión se ha intensificado desde entonces, con el estado de derecho erosionado y la persecución en aumento.

Pocos nicaragüenses se atreven a hablar después de que más de 300 murieran en la represión de las protestas de 2018. Ni siquiera los exiliados están a salvo: muchos han sido despojados de su ciudadanía, sus hogares confiscados y vendidos.