La periodista visual iraní Parisa Azadi ha encontrado una forma novedosa de procesar la violencia estatal: prender fuego a sus propias fotografías. No para borrarlas, sino para transmitir lo que ella llama 'rabia, duelo y rechazo'. Porque a veces una buena hoguera dice lo que 1.000 palabras no pueden.
En septiembre de 2022, mientras la revolución se extendía por Irán, Azadi observaba desde Dubái a través del resplandor inestable de las pantallas de teléfonos. Videos crudos surgían a diario antes de desaparecer en apagones de internet: mujeres quemando sus hiyabs, jóvenes heridos por perdigones de metal, adolescentes arrastrados a furgonetas sin matrícula. Incapaz de regresar a salvo a Irán, donde había pasado seis años documentando la vida bajo la represión, se sintió impotente.
Su solución: usar imágenes de protesta de código abierto, aislar fotogramas de videos que circulaban en redes sociales y fotografiarlos directamente desde su computadora con una cámara Fujifilm instax, que produce impresiones al instante. Quería interrumpir el flujo implacable de imágenes digitales, convirtiendo píxeles efímeros en objetos físicos sólidos. Porque nada dice 'estoy prestando atención' como una impresión granulada de un adolescente desafiando a la teocracia.
El proceso surgió de su trabajo anterior en Irán, donde llevaba una cámara instax y regalaba retratos a extraños como yadegari, 'algo para que me recuerdes'. Durante el levantamiento, esa misma ética adquirió una nueva urgencia, transformando el medio en una respuesta a la rebelión y la censura.
Esta imagen en particular proviene de un video de protesta en Teherán: multitudes rodean un fuego que arde en la calle, tomadas de la mano y cantando 'Eres el pervertido. Eres la puta. Soy una mujer libre', transformando insultos misóginos en desafío contra el Estado. Azadi fotografió la silueta de una mujer joven, quizás una adolescente, con una cola de caballo alta moviéndose contra el humo y la luz fluorescente. Su superficie granulada y pixelada lleva la urgencia del testimonio sobre la perfección, abrazando lo que la artista alemana Hito Steyerl llama la 'imagen pobre' como una forma de testimonio políticamente potente.
En enero de 2026, después de masacres y ejecuciones estatales, Azadi comenzó a quemar las impresiones instax como un acto de duelo. El fuego marcó sus superficies, haciendo eco de la violencia que representan. Esto no fue un borrado, sino una forma de empujar contra la quietud de la imagen, permitiéndole transmitir rabia, duelo y rechazo. Porque a veces la única forma de capturar una revolución es dejarla arder.