El colapso climático, resulta, es un empleador de igualdad de oportunidades, aunque paga salarios muy diferentes. Este verano, el planeta ofreció una vista previa en pantalla dividida: Europa disfrutó de su día más caluroso registrado, mientras Nepal se ahogaba bajo agua, barro y hielo, cobrando más de 750 vidas y dejando a miles más sin contabilizar. Es casi como si la fiebre de la Tierra no respetara fronteras, aunque nuestros presupuestos de respuesta a desastres sí lo hagan.

De hecho, la crisis tiene un precio económico, pero algunas naciones pueden permitirse la terapia. Cuando los incendios forestales arrasaron Europa, Francia se apresuró a ofrecer exenciones fiscales para las empresas afectadas, costos de reubicación y ayuda para reconstruir hogares: un verdadero servicio de conserjería para la catástrofe climática. El Reino Unido, siempre pragmático, ya había desplegado casi 100 millones de libras antes del verano para reforzar la resiliencia contra incendios forestales. Mientras tanto, Nepal, un país sin el colchón fiscal ni la maquinaria de relaciones públicas, se queda contando cuerpos.

Los países más ricos pueden tener más recursos para hacer frente, pero no confundamos eso con inmunidad. Este problema afecta a todo el planeta, por mucho que los líderes quieran negarlo. Así que mientras algunos beben chardonnay en centros de evacuación y otros vadear entre escombros, recuerda: la fiebre del planeta no se preocupa por tu cartera. Solo es cuestión de quién recibe el aire acondicionado primero.