El Papa León concluyó su gira española de una semana con un mensaje que seguro irritará a algunos nacionalistas: todos somos migrantes, nena. El viernes, al hablar en un antiguo cuartel militar convertido en centro de acogida en Tenerife que ha albergado hasta 4.000 personas, el pontífice dijo a una multitud de migrantes que "el extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy".

La ruta atlántica hacia las Islas Canarias no es broma: es una de las rutas migratorias más mortíferas del mundo, con un estimado de 1.906 personas (unas cinco al día) que murieron el año pasado tratando de llegar a Europa. León enmarcó su difícil situación como universal: "En cierto sentido, todos somos migrantes, porque todos somos peregrinos camino a nuestra patria celestial. Ayudemos a hacer este viaje más humano para todos contribuyendo en lo que podamos".

Sus comentarios llegaron el mismo día en que entró en vigor la reforma migratoria histórica de la UE, un conjunto de medidas duras que, según Human Rights Watch, "toma un mazo contra el derecho de asilo". León instó a los líderes a hacer más, advirtiendo que muchos migrantes enfrentan un "naufragio silencioso" después de llegar, quedando "solos en una ciudad, sin voz, sin vínculos, trabajo ni sensación de seguridad, y susceptibles a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad".

El papa nacido en Estados Unidos ha estado chocando con políticos de extrema derecha y conservadores que profesan valores cristianos mientras adoptan una línea dura contra los migrantes. "Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante estos cementerios del mar", dijo. "Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana".

León también tuvo palabras selectas para los traficantes de personas que cobran miles de euros por persona, retienen documentos y obligan a los migrantes a la prostitución o al trabajo en el mercado negro: "¡Basta! ¡Arrepiéntanse! Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado, tendrán que comparecer ante la justicia divina".

Antes en la gira, el papa advirtió: "No podemos acostumbrarnos a contar los muertos", y preguntó por qué construimos un mundo donde tantos "deben arriesgar la muerte para buscar la vida".

Bousso Diouf, originaria de Nigeria, habló por la multitud: "El camino para llegar aquí no fue fácil. El viaje estuvo lleno de miedo, dolor e incertidumbre... Significó enfrentar hambre, frío, desesperación y a menudo la muerte". ¿Su petición? Simple pero profunda: "No pedimos privilegios. No pedimos compasión. Solo queremos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad. Que no se nos vea solo como inmigrantes, como números o documentos, sino como personas con historia, con sueños, con familias y con esperanza".