En un giro sorprendente de los acontecimientos que nadie vio venir, un escritor que se presentó como voluntario en las Tierras Altas de Escocia esperando odiar cada minuto, en cambio encontró la experiencia 'sorprendentemente gratificante'. El horror.

Nuestro valiente protagonista, armado con un cubo y una pala (no para la playa, trágicamente), se unió al Outdoor Access Trust for Scotland (Oats) para una estadía de dos días reparando senderos en Stac Pollaidh, el pico más visitado de las Tierras Altas del noroeste. Allí, con el agua hasta los tobillos en turbera, cortó el terreno con una azada pesada, desbloqueó un drenaje transversal y lo rellenó con nueva mampostería para prevenir daños por tormentas. El burbujeo resultante de agua clara sobre lecho de roca brillante le dio la misma sensación que apreciar una obra maestra en un museo. Sí, un drenaje. Una obra maestra. Lo permitiremos.

El trust, que sirve como administrador de muchas de las montañas más famosas de las Tierras Altas, endulzó el trato con una estancia gratuita en el albergue juvenil de Ullapool y la promesa de una comida comunitaria casera. El pronóstico sin mosquitos selló el trato, enviando a nuestro escritor conduciendo hacia el norte desde Edimburgo de 'buen humor'.

Así que, en un giro de la trama tan predecible como una versión de gaitas de 'Amazing Grace', el voluntario descubrió que hacer algo bueno por las colinas también lo hacía sentir bien a él. ¿Quién lo sabía? Las colinas, aparentemente.