En el remoto archipiélago de Tierra del Fuego, Chile, Toto Gesell vive el sueño de todo buscador de fortuna del siglo XIX: es buscador de oro. Cada día, sin importar el clima, se pone botas de goma y se dirige a un arroyo con una batea, una pala y un canalón casero. El documental de Alfredo Pourailly De La Plaza, filmado a lo largo de casi una década, captura tiernamente la rutina de Toto: sus manos arrugadas manejando diminutas pepitas de oro, sus anotaciones en el diario de esperanzas y sueños. Pero su cuerpo muestra el desgaste de esta vida sencilla.

Entra Jorge, el preocupado hijo de Toto, que decide construir un tromel desde cero para automatizar el trabajo de su padre. Esta búsqueda monumental lleva años, y la película corta hábilmente entre el lento ensamblaje del tromel y la deteriorada salud de Toto. Cuando Toto sufre una grave crisis de salud mientras busca oro, el tiempo se vuelve tan precioso como el polvo de oro que se le escapa de los dedos. El documental ocasionalmente se aleja para mostrar el impresionante paisaje de Tierra del Fuego, pero al final, el tromel simboliza no solo la devoción filial, sino el amor de toda una comunidad. De La Plaza ha encontrado oro, tanto en el tema como en la ejecución.