El último intento de comedia de Will Ferrell, The Hawk, ha llegado con toda la gracia de un drive desviado hacia el rough. Ferrell interpreta a un mujeriego descarado y golfista perdedor, un papel que, en teoría, podría haber sido hilarante. Pero como señala una nueva reseña de The Guardian, la comedia ha evolucionado en las últimas dos décadas, y todos los chistes genitales y referencias dudosas caen con un golpe sordo en lugar de una risa.

En los años 2000, la comedia estadounidense tuvo un despertar brusco. La década anterior estaba llena de sofisticados atractivos bromeando en grandes ciudades, pero el nuevo milenio llegó en una miasma de bufonería cruda y caricaturesca: Austin Powers, American Pie, Dude, Where's My Car? Estos eran, tristemente, los textos sagrados de una adolescencia milenial. Contra ese telón de fondo, el trabajo de la Frat Pack (Ben Stiller, Will Ferrell, Steve Carell, Seth Rogen, Luke y Owen Wilson, más el escritor y director Judd Apatow) parecía casi intelectual. A mediados de la década, habían canalizado la irreverencia obscena en mejores películas como Zoolander, Dodgeball y Anchorman. Pero eventualmente, la marea cambió; cuando la dramedia reflexiva y las bromas nerds de Marvel se afianzaron, esta tontería punzante para PC pasó de moda. The Hawk, parece, es una reliquia de una era pasada, y ni siquiera la manía característica de Ferrell puede salvarla de sentirse como una pieza de museo.