Si vas a hacer un documental sobre tu propia banda, más te vale hacerlo encantador. James, el grupo indie seminal de Manchester, ha hecho exactamente eso con 'Getting Away With It', un retrato que es en parte auto-hagiografía, en parte cuento con moraleja sobre lo que pasa cuando rechazas a los Smiths por la iluminación.

Subtitulado 'Sects, Trance and Rock'n'Roll', la película traza la trayectoria de la banda desde su primer éxito a principios de los 90 en la escena baggy - cuando las discotecas indie estaban llenas de gente con camisetas de pétalos de margarita gigantes y 'Sit Down' fue famosamente apartado del número uno por Chesney Hawkes - hasta sus orígenes. Ahí es donde conocemos a Tim Booth, un futuro cantante de clase media educado en internados, que se encuentra con un grupo de casi-hooligans de clase trabajadora en una banda después de que se cuelen en el bar del sindicato de estudiantes de la Universidad de Mánchester y le roben las bebidas. Un encuentro adorable para los siglos, realmente.

Su mánager los describe como 'una banda que tomó todos los caminos equivocados y cometió todos los errores posibles'. Prueba A: rechazaron la oferta de Factory Records de lanzar su primer álbum porque no querían un número de producto. Prueba B: declinaron un puesto de teloneros en la gira estadounidense de los Smiths porque la mitad del grupo se había unido a un culto de meditación esotérica y el horario de iluminación del bajista chocaba. Prioridades, gente.

El documental incluye entrevistas con un desfile de ex miembros - porque nada dice 'periodismo objetivo' como preguntar solo a las personas que estaban en la banda. Sin embargo, de alguna manera, es bonachón, divertido y ocasionalmente conmovedor. Es un testimonio del atractivo perdurable de James que puedan convertir décadas de casi-aciertos y giros equivocados en una historia encantadora. O quizás es solo que en una era de pop manufacturado, hay algo refrescante en una banda que cometió todos los errores posibles y aun así llegó a ser seminal.