¿Alguna vez te has preguntado por qué puedes avanzar en un proyecto a las 9 a.m. pero pierdes toda la fuerza de voluntad a las 3 p.m.? Investigadores de la Universidad de Nagoya en Japón han identificado un mecanismo cerebral que podría explicar cómo la motivación persiste, o se desvanece, cuando las cosas se ponen difíciles. Su estudio, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS), destaca el papel de las neuronas de orexina en el mantenimiento del comportamiento motivado.

La pérdida de motivación es un sello distintivo de la depresión, la adicción y el TDAH, pero los procesos cerebrales subyacentes han permanecido frustrantemente opacos. Entran en escena Hiroyuki Mizoguchi, profesor asociado, y Kiyofumi Yamada, profesor emérito, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nagoya, quienes se centraron en las neuronas de orexina, células que ya manejan el sueño, el apetito y el gasto de energía. Pistas anteriores sugerían que estas neuronas también podrían influir en la motivación, pero su contribución exacta era tan clara como una mañana nebulosa.

Para desentrañar esto, el equipo estudió ratas que buscaban recompensas de comida. A diferencia de los modelos típicos de ratones, las ratas sobresalen en tareas conductuales complejas, pero sus neuronas son más difíciles de manipular. ¿La solución? Ratas modificadas genéticamente 'orexina-Cre', que permiten apuntar con precisión a las neuronas productoras de orexina.

Usando quimiogenética para activar estas neuronas, sometieron a las ratas a una prueba de proporción progresiva, donde cada recompensa requería más toques de nariz. El 'punto de ruptura', cuando la rata se rinde, sirvió como métrica de motivación. Las ratas activadas alcanzaron puntos de ruptura más altos, trabajando más duro por la recompensa. Por el contrario, las ratas con neuronas de orexina selectivamente degeneradas se rindieron antes, su motivación visiblemente desinflada.

La fotometría de fibra reveló la actividad de orexina en tiempo real: aumentaba cuando las ratas anticipaban comida, caía después de la entrega, pero se mantenía elevada cuando las recompensas esperadas no se materializaban. La actividad también escalaba con la dificultad de la tarea, sugiriendo que el cerebro vincula la expectativa de recompensa con el esfuerzo requerido.

Para confirmar la causalidad, el equipo usó optogenética. Suprimir la actividad de orexina con una proteína inhibidora hizo que las ratas fueran más perezosas: tardaban más en tareas que requerían esfuerzo y tenían puntos de ruptura más bajos. Sin embargo, aumentar la actividad con una proteína excitatoria no provocó un esfuerzo extra. Así que las neuronas de orexina son necesarias para la motivación, pero subirlas no es un truco mágico de productividad.

'Nuestro estudio demostró cambios significativos en la actividad de las neuronas de orexina dependiendo de las recompensas esperadas y el esfuerzo requerido, sugiriendo un mecanismo potencial para traducir las expectativas en acción sostenida', concluyó Mizoguchi.

La investigación futura mapeará los circuitos que entran y salen de estas neuronas, potencialmente allanando el camino para tratamientos de déficits motivacionales. Mientras tanto, seguiremos mirando nuestras listas de tareas, preguntándonos dónde dejamos nuestro impulso.

Este trabajo fue financiado por una verdadera sopa de letras de fundaciones: Grant-in-Aid for Scientific Research [22K19749; 23K27360; 23H02669 (2023)], SENSHIN Medical Research Foundation, Naito Foundation, Takeda Science Foundation, SRF, Asahi Glass Foundation, Mishima Kaiun Memorial Foundation, Kao Health Science Foundation, y AMED (JP21wm0425014). Material proporcionado por la Universidad de Nagoya.