Un aire de exterminio civilizacional se cierne sobre el complejo Gehrenseestrasse, una urbanización abandonada en las afueras del noreste de Berlín, donde la ciudad aún luce desaliñada sin el glamour. El interior de los nueve bloques prefabricados lleva mucho tiempo vaciado; seis pisos de marcos de ventanas vacíos miran con ojos huecos las calzadas de varios carriles. En el patio, los jugadores de paintball han dejado barricadas de madera de cuando jugaban a la Tercera Guerra Mundial. Ahora, en una de las habitaciones del segundo piso de la ruina más grande de Berlín, la artista Sung Tieu baila sobre el suelo de hormigón y revive escenas de su infancia.
“Aquí estaba la cama individual que compartí con mi madre durante tres años”, dice, señalando una esquina de la pequeña habitación. “Dos metros por 90 cm, ¿puedes creerlo?” Allí en el pasillo es donde sus vecinos solían hacer dumplings bánh bao en hornillos de camping, por falta de cocinas privadas. “Todavía recuerdo el olor”. Aquí estaba la puerta por la que solía entretener a su mejor amigo cuando su madre lo encerraba durante las horas de trabajo. “Jugábamos a las cartas a través de las rendijas”, recuerda con alegría. En el pabellón alemán de Venecia, Tieu ha recreado la urbanización donde creció para contar la historia olvidada de los migrantes, incluidos sus padres, contratados bajo un acuerdo socialista entre Alemania del Este y Vietnam, y luego abandonados.