Hace unos meses, Julie Charnet, coordinadora de neurocirugía en un hospital, se levantó de su escritorio, caminó unos pasos y sintió una extraña presión en el pecho. Rodeada de carteles sobre signos de ataque cardíaco —que había memorizado años atrás—, naturalmente lo ignoró y agarró su botella de agua. Al día siguiente, la opresión regresaba cada vez que se levantaba. Sin dolor, respiración bien, solo una sensación extraña recurrente que eventualmente se dio cuenta de que era, de hecho, un ataque al corazón.

La experiencia de Charnet resalta un hecho bien documentado pero aún subestimado: los síntomas de ataque cardíaco en las mujeres a menudo difieren de la versión clásica de Hollywood de agarrarse el pecho. En cambio, pueden incluir presión en el pecho o la caja torácica, fatiga, dificultad para respirar o incluso problemas estomacales. Para ayudar a otros a evitar su casi accidente, ofrece una lista de marcadores de riesgo menos conocidos: hs-CRP elevado (inflamación vinculada a arterias estrechadas), lipoproteína(a) alta (colesterol malo genético), apolipoproteína B elevada (mensajero de placa) y una puntuación alta de calcio en arterias coronarias (acumulación de placa).

Su consejo: pregunte a su médico de cabecera sobre pruebas cardíacas, proporcione cada detalle —incluso un dolor de estómago de tres días— y si lo descartan, busque otro médico. La persistencia, señala, es clave, porque aparentemente el muro de carteles no fue suficiente. Julie Charnet es trabajadora de la salud y escritora en Filadelfia, y ahora está muy familiarizada con sus propias señales de advertencia.