En una noticia que no sorprenderá a nadie que haya intentado arreglar un problema, una mujer llamada Lucía ha revelado que la clave para revivir su vida sexual no fue una píldora mágica, sino una buena y vieja conversación consigo misma frente al espejo.
Hace unos cinco años, Lucía, que ha estado con su esposo Edwin durante 26 años, encontró su libido tan baja que pensó que nunca más querría tener sexo. Culpando al estrés de la pandemia y a las hormonas de la perimenopausia, se sentía culpable porque, como ella dijo, 'lo amo y quiero hacerlo feliz'. Así que hizo lo que cualquier persona racional haría: fue al médico, consiguió un suplemento que tal vez ayudó o no, y luego decidió que la verdadera solución era un cambio de mentalidad.
'Sabía que tenía que concentrarme en hacer del sexo una prioridad', explicó Lucía. Los días que no quería tener sexo, se miraba al espejo y decía: 'Voy a tener sexo y voy a disfrutarlo'. Y aparentemente, funcionó. Ahora afirma que la calidad de su sexo mejoró porque se volvió 'más aventurera en un esfuerzo por hacer que las cosas funcionaran'. Incluso comenzó a contarle a Edwin historias sexys falsas sobre encuentros imaginarios y juegan a 'el extraño', donde fingen ser diferentes personas que se encuentran en una cita. ¿El resultado? Han vuelto a tener sexo unas tres veces por semana.
Edwin, por su parte, está encantado. 'Estoy en una etapa de mi vida donde solo fantaseo con mi esposa, lo cual es increíble', dijo, añadiendo que el contacto físico es su lenguaje de amor. Admite que hay 'casi un horario' en su vida sexual: el 80% de las veces ocurre antes del almuerzo, y recientemente compraron un juguete controlado a distancia que probaron durante la cena. 'Estábamos revisando algunas de sus configuraciones con Lucía usándolo', reveló, presumiblemente mientras el camarero no miraba.
Lucía lo resume claramente: 'Las cosas cambian a medida que envejeces, pero no creo que eso sea malo. La vida cambia y solo tienes que adaptarte'. O, como diríamos los demás, a veces tienes que decirte a ti mismo que te pongas las pilas, y luego simplemente hacerlo. ¿Quién iba a decir que la autoayuda podía ser tan literal?