Andy Burnham, el hombre ampliamente señalado como el próximo primer ministro de Reino Unido, ha desvelado su gran plan para arreglar el sistema 'roto' del país. ¿Su receta? Un reequilibrio masivo del poder, una ofensiva contra el coste de la vida y —por qué no— un nuevo centro gubernamental en el Norte.

En un discurso importante, Burnham declaró que 'más de lo mismo' no vale. Propone un mayor control público de lo esencial como el agua, la vivienda, la energía y el transporte —porque nada dice 'restaurar la fe en la política' como que el gobierno gestione tu agua del grifo. También quiere un centro 'No 10 North' para supervisar la distribución del poder desde Whitehall, dirigido por su antiguo jefe ejecutivo en Mánchester. Porque si algo necesita Whitehall, es otra oficina.

En vivienda, Burnham promete el mayor programa de construcción de viviendas públicas desde la posguerra. Para las calles comerciales, planea un 'renacimiento' mediante la reforma de las tasas comerciales. Y en educación, quiere equilibrar la balanza entre cursos académicos y técnicos, presumiblemente dando a la clase de taller el mismo respeto que a Shakespeare. El objetivo: mejorar el nivel de vida y demostrar que la política puede funcionar. Ambicioso, pero al menos no promete hacer que los trenes lleguen a tiempo.