Los humanos han buscado durante mucho tiempo geoingenierizar el medio ambiente de la Tierra. Tim Flannery esboza algunas de las ideas más alocadas del siglo XX.

Un número creciente de científicos piensa que hemos dejado que la crisis climática se pudra tanto que nuestra única esperanza para evitar catástrofes cada vez más intensas es recurrir a intervenciones tecnológicas. El blanqueamiento de nubes, la inyección de azufre en la atmósfera y el uso de pequeños espejos en el espacio —todo lo cual podría reducir la cantidad de luz solar que llega a la superficie terrestre— se encuentran entre los conceptos promovidos por empresarios y gobiernos por igual. La geoingeniería, argumentan, es ahora inevitable.

Desde que el Dios del Antiguo Testamento otorgó a nuestra especie dominio sobre la Tierra, las ideas de rehacer el mundo para que nos convenga mejor han sido un hilo dominante en el pensamiento humano. Durante siglos hemos jugado con grandes ambiciones para alterar y reformar el clima y el medio ambiente, muchas de las cuales —en retrospectiva— parecen condenadas o absurdas.