Si buscas una serie que te aburra hasta las lágrimas, busca en otro lado. Tall Tales and Murder, la adaptación televisiva de la primera novela de la Trilogía de Dublín de Caimh McDonnell, es muchas cosas: gánsteres descontentos, una residencia de ancianos disfuncional, tesoro enterrado, cornudos de dormitorio, un concurso de imitadores de Paul Mescal... pero ¿aburrida? Al parecer no. Escrita para televisión por Stuart Carolan (el hombre detrás de Love/Hate) y cocreada por Chris Addison (The Thick of It, Veep), esta aventura al estilo Bonnie y Clyde por el hampa irlandesa viene con un prestigio serio. También cuenta con Aidan Gillen, porque, por supuesto, sí.

Anunciada como un viaje salvaje, la serie insinúa el éxito excéntrico de Channel 4 The End of the F***ing World, el thriller de BBC Scotland Guilt, e incluso un Código Da Vinci menos elaborado, si el Código Da Vinci tuviera más ganancias mal habidas cercanas a la iglesia y menos monjes albinos. Es un asunto a mil por hora, que bombardea a los espectadores con una multitud de personajes, temas, tramas, estados de ánimo y giros. Piénsalo como leer un libro de elige tu propia aventura de principio a fin en lugar de saltar a las páginas relevantes: te estás dando un festín de drama, comedia y acción en un buffet libre, pero puede que no te sientas particularmente saciado por nada de ello.

¿Entretenido? Claro, de la misma manera que pasar el día en TikTok es entretenido: viendo pequeñas viñetas extrañas mientras te llega un goteo continuo de dopamina. ¿Pero televisión destacada? El crítico de The Guardian sigue sin estar seguro. El programa se mueve tan rápido y te lanza tanto que la confusión es un efecto secundario probable, incluso si el aburrimiento nunca entra en la ecuación. Así que abróchate el cinturón para la versión irlandesa de The Wire, si The Wire fuera un sueño febril hiperactivo que mezcla géneros con un concurso de imitadores de Paul Mescal. Solo no esperes sentirte lleno después.