Treinta años después de ser presionada para darlo en adopción, nuestra autora finalmente conoció a sus padres biológicos. Spoiler: no fue un reencuentro lacrimógeno y perfectamente empaquetado como en la tele.

A finales de septiembre de 2023, mientras revisaba correos del trabajo, se topó con una alerta de Google sobre su madre biológica, Susan Barras. La alerta la activó un aviso de sucesión: Susan había muerto casi un año antes, a los 69 años, probablemente de cáncer de mama. Nuestra autora había cortado el contacto 15 años antes, cuando la relación se volvió demasiado tensa y emocionalmente agotadora. Su padre biológico ya había fallecido en 2018, a los 70, por insuficiencia hepática.

Para colmo de giros: Susan se había cambiado el nombre a Suzann Doyle, y su dirección no era la espaciosa casa de Guildford que compartía con su marido, sino un diminuto piso de jubilados de una habitación con vistas a la estación de tren. Adiós al final de cuento de hadas que prometía Hollywood.