Después de años trabajando en el movimiento climático, Katharine K. Wilkinson notó que los activistas carecían constantemente de la resistencia emocional y el apoyo necesarios para mantenerse activos, inspirados y conectados con otros involucrados en el trabajo climático.

Los defensores del clima están cansados. El agotamiento es real. Las soluciones abundan y las renovables como la solar son más baratas que nunca, pero la voluntad política para el cambio, especialmente a nivel federal, escasea.

La gente a menudo pregunta: "¿Qué puedo hacer?", dijo Wilkinson en una entrevista reciente, y el movimiento climático responde con listas de tareas. "Las listas de tareas nos venden cortos en esos nodos de posibilidad, que no somos solo tomadores de acciones y hacedores de tareas, que nuestras propias vidas pueden ser sitios significativos de contribución", dijo.

En su nuevo libro, "Climate Wayfinding", Wilkinson argumenta que el movimiento necesita más que listas de verificación: necesita resiliencia emocional y un sentido de propósito. Porque nada dice resiliencia climática como reconocer que los humanos que luchan por ella también son, bueno, humanos.