En una final individual masculina que lo tiene todo excepto un claro favorito, Flavio Cobolli y Alexander Zverev intercambian sets como niños intercambian bocadillos de la merienda, con valor nutricional variable. Zverev, que según algunos gasta todo su valor solo por andar con esa coleta, se llevó el primer set 6-1 con una autoridad que te hace preguntarte si por fin ha descifrado las finales. Pero Cobolli, quizás recordando que está en una final de Grand Slam, recuperó el segundo set 6-4, provocando un colectivo "oh, ahora es un partido" del público.
El tercer set vio a Zverev imponerse 6-4, pero no sin drama: dobles faltas, voleas nerviosas y el tipo de tensión que sugiere que ambos jugadores son muy conscientes de que Sinner y Alcaraz están en casa mirando. Cobolli, que al parecer no tiene problemas para conseguir citas, ahora canaliza ese carisma en su selección de golpes, a veces brillantemente, a veces a la red. El cuarto set va 2-1 para Cobolli, con Zverev sirviendo para mantenerse en el partido. Mientras tanto, el Rey de Francia ha optado por un sombrero de paja en lugar de una corona, que es o una declaración de moda o un grito de auxilio.