Los astrónomos han confirmado que WD 1856 b, un planeta del tamaño de Júpiter que orbita una enana blanca, es el único planeta conocido que ha sobrevivido a la muerte de una estrella similar al Sol. Utilizando el Telescopio Espacial James Webb, los investigadores descubrieron que el planeta está envuelto en neblinas de aerosoles, contiene metano y emite aproximadamente 25 veces más energía de la que recibe de su estrella anfitriona en enfriamiento. Este calor sugiere que el planeta fue recalentado por interacciones gravitacionales con estrellas compañeras miles de millones de años después de que la estrella muriera, en lugar de ser engullido durante la fase de gigante roja. La enana blanca es aproximadamente siete veces más pequeña que su planeta, lo que provoca un tránsito rasante que reduce el brillo de la estrella solo a la mitad. El sistema, ubicado a solo 75 años luz de distancia, desafía los modelos existentes de supervivencia y migración planetaria.