En 2006, Houssein Hamze fue salvado de una bomba por los ladridos de su perro. Veinte años y dos guerras después, el hombre de 57 años sigue pagando esa deuda dirigiendo el refugio Mashala en Zefta, al sur del Líbano, cuidando de animales callejeros en tiempos de paz y siendo el único salvavidas para los animales durante los conflictos. Durante la guerra entre Hezbolá e Israel de 2026, que desplazó a una cuarta parte de la población libanesa, Hamze se quedó atrás, haciendo rondas diarias en su camioneta destartalada para alimentar a perros y ganado abandonados, a pesar de las constantes amenazas de drones y ataques aéreos. Pegó un cartel del refugio en su techo para que los drones lo identificaran, aunque eso no era garantía, ya que los drones atacaban regularmente a médicos y civiles. No tenía miedo por sí mismo, solo por los animales. Hizo planes de contingencia, enviando ocho burros a un refugio en Beirut porque no podían sobrevivir solos. Desde un alto el fuego en junio, la vida se ha normalizado, pero las donaciones se están agotando a medida que los titulares de la guerra se desvanecen. Hamze sigue recibiendo 500 mensajes al día sobre rescates de animales. Espera que algún día el refugio no sea necesario, concluyendo: "Si no tienes compasión por los animales, no tendrás compasión por los seres humanos".