Tres monjas ancianas y testarudas y una joven promesa con los ojos como platos se embarcan en una misión para salvar la granja - perdón, el convento - en esta película de carretera hecha con seriedad pero emocionalmente tibia. El as bajo la manga de Holy Days es el reparto, con cada monja interpretada por una leyenda de las tablas y la pantalla: Judy Davis como la hermana Agnes, Miriam Margolyes como la hermana Luke y Jacki Weaver como la hermana Mary Clare. Sin embargo, pronto queda claro que nadie está en su mejor momento. Y la película en sí es una mezcla frustrante de comedia y drama: no es lo bastante divertida para provocar risas de verdad, ni lo bastante dramática para forjar conexiones sólidas con los personajes.

Estos personajes son un grupo bastante insulso, a pesar del claro deseo de presentar al joven Brian (Elijah Tamati) como el pegamento emocional que lo mantiene todo unido y al trío de hábitos como excéntricos de sangre caliente. Su convento en ruinas, en el que se supone que debemos sentirnos implicados, es un lugar sombrío tanto estéticamente como emocionalmente; se está desmoronando, pero no de una manera cinematográfica y elegante. Tampoco lo animan las personas que lo habitan; de hecho, el edificio se siente casi sin alma. Quizás los promotores tienen razón, me sorprendí pensando, y este viejo y cascarrabias lugar podría convertirse en un elegante bloque de apartamentos o centro comercial.